Mamá, no estás en venta, ¿no?

Sin darte cuenta, en realidad sin que lo sepas, ha pasado una semana, un mes y un año, y te has hecho mayor, tal vez también un poco más sensato, porque si estás dispuesto, cada día puedes aprender algo, si no la vida se detiene.
Pues bien, quien esté sano y sepa pensar puede doblar las manos y sentir gratitud, pero a quien no quiera eso tampoco se le darán a vivir otros pensamientos, nada de lo que sobresale por encima del pensar y sentir humanos y que a veces es de Nuestro Señor, ¡y que sin embargo puede ser una revelación para ti!
Las personas que reflexionan acerca de todo lo que la vida les da a cargar la mayoría de las veces también están preparadas; no caen sin más en una acequia humana o social, estas personalidades velan por ellas mismas, tienen cuidado eternamente y es eso por lo que se protegen de la vida desconocida.
¡Así es Crisje!
Su vida dijo: “Crisje, no puedo tomarte desprevenida.
Ni llegaré de noche.
Siempre me miras a los ojos conscientemente, pero millones de personas no lo hacen, y ahora tendrán que ver conmigo.
No puedo remediar que ahora se tropiecen, que se rompan el preciado cuello o que tengan que ir al hospital, ¡eso está en manos de esa gente misma, Crisje!
Pero ¡siempre se me echa la culpa a mí!
Me maldicen, Crisje, pero dímelo con honestidad...: ¿Soy una salvaje?
¿Soy insoportable?
Claro, te doy cosas que cargar, eso es natural.
Quiero que la gente aprenda y que se abra para el bien, pero ¡no le da la gana!
Tú, Crisje, sopesas los pros y los contras, Trui también, pero ella lo hace a su propia manera y es cosa de ella; por encima de mí —lo sabes— ¡está Nuestro Señor!
En ocasiones, los sanos en cuerpo y alma son los que más problemas buscan.
A esas personas se las ve a diario, tiran la felicidad por la ventana.
Sin más, tiran por la borda la felicidad, también pasan por encima de cadáveres; es la gente que hoy dice: ‘Te quiero, te doy las gracias por todo, no puedo estar sin ti, te necesito tanto y sin ti no soy nada’, pero ¿mañana?
¿Pasado mañana y el próximo año, por ejemplo?
¡Tú no eres así!”.
A veces, Trui puede hacer cálculos despreocupados, pero también Trui lo hace con cuidado.
Ahora que tuvo que aceptar que de cualquier manera no puede forzar a Crisje a casarse al mismo tiempo que ella, lo hace de otra manera.
También a ella la vida le da muchas posibilidades y Trui las aprovechará, cómo sea pero lo hace, y de verdad que no está ciega ni sorda; lo hará de manera un poquito diferente.
Trui no dio un salto imprudente en la oscuridad, tampoco cayó rodando en una acequia de fango, a Trui no le da la gana y se lo deja a otra gente.
Está mirando festivamente desde detrás de los visillos, sigue la vida que va descendiendo por la Grintweg, y sabe que ella misma también pertenece a la vida y tiene derecho a una existencia humana.
¿Quién quiere impedirle tender las manos hacia un poco de felicidad?
Nadie puede hacerlo, y que las mujeres le cuenten lo que quieran.
Los chicos de Crisje ven que el noviazgo empezó.
La tía Trui se va a casar pronto.
Los domingos ven a Trui y Otto que van hacia arriba, en línea recta a la (región) Montferland, como dos enamorados, a dar un paseo.
La vida es bella, la vida está llena de milagros, también para la tía Trui y Otto Wageman.
¡Quien ve a Trui piensa que está chiflada!
Otto sufre mucho del nervio cervical.
De vez en cuando ven cómo le dan un tirón hacia arriba y entonces también se le sacuden los hombros.
Es tan divertido que no te queda más que reír, quieras o no, pero no hay que hacerlo en presencia de la tía Trui, entonces se te cae el pelo.
¿Qué quiere esa gente de aquí?
Trui está viva.
Tiene el aspecto de una dama; ni Crisje llega a saber de dónde ha sacado esa chaqueta de seda.
Trui dice, “La tengo de Chang, los italianos que vinieron y que querían que el Largo y Crisje les vendieran a Jeus”, aunque Crisje sabe que es una triquiñuela, pero allí está la chaqueta de seda, y le va bastante bien.
¿De Otto, tal vez?
“Hay que verla ahora”, dicen los chicos, “solo le falta un bastón de esos para caminar como siempre traen las señoras de la Montferland, y Trui también será una dama”.
A Crisje no le cabe en la cabeza.
Trui anda caminando como una dama de ciudad.
Detrás de los visillos la gente ríe porque de vez en cuando Trui se levanta la falda, de lo contrario barrería la Grintweg con ella.
¡Eso da risa!
Vale la pena, aquí no se ve todos los días.
Pero seamos honestos: Trui piensa, ‘revienta’.
¿Y podríamos no darle razón?
‘¡Mejor revienta!
¡Que te den los “drudels”!’.
Un poco crispada, pero está bien.
“Por el tío Gradus”, dicen los chicos, y Crisje tiene que asentir, “nunca se desvivió tanto”.
¿Celos, acaso?
¿Qué quieren (queréis) de mí?
Allí va otra vez.
Hace un tiempo espléndido hoy, y ahora a la maravillosa Montferland, al propio bosque, al delicioso silencio de allí que nunca harta, pero que Trui no ha vivido en por lo menos diez años.
Ay, ese Otto.
Y cómo te puede cambiar la vida, ¿no?
La tía Trui está chiflada.
Hace que se ponga nerviosa la nuca de Otto, pero eso no importa.
De vez en cuando también pasan a verlos un momento Jan y Marie, y luego Hendrik Wageman.
Crisje ya ha visto a su futuro.
Una noche Trui fue a buscarla, y entonces tomaron aguardiente con azúcar, algo rico que aquí se sabe apreciar mucho y que Crisje disfrutaba de vez en cuando festivamente, siempre con su Largo.
Pero eso era con el Largo suyo.
Ahora junto con Trui, Otto y Hendrik, dos hermanos y dos hermanas juntos.
La vida es extraña, es rara y absurda.
¡Cómo es posible!
El Largo estuvo un momento a su lado y asintió con la cabeza.
Crisje cree que además también oyó “Salud, Cris”, pero eso no puede decirlo con seguridad, los pensamientos y el parloteo de aquí interferían con las palabras del Largo.
Y entonces se le concedió empezar a pensar por ella misma.
Y no había nadie que la molestara.
Crisje solo miraba, por dentro no estaba del todo de acuerdo.
Pero ¿qué quieres?
¿Qué haces ahora, Crisje?
¿Es esta tu felicidad provisional?
No quiere ni pensarlo.
Pero puede pensar en esto porque ¡todo este año y largo invierno estuvo pensando en lo espiritual de ella y de su Largo, y también lo ha procesado!
Ahora, cómo es posible, puede pensar en la parte material de eso, y esta está sentada aquí a su lado, parloteando, dice algo, pero ¡actúa con cohibición!
¡Crisje sabe que no todos pueden ser su Hendrik el Largo!
Cuando Crisje llegó de donde Trui, había uno que estaba que se lo llevaba el demonio.
Y ahora se le dijo:
—¿Qué tenías que ir a hacer allí donde la tía Trui, mamá?
Crisje mira a Jeus a los ojos.
Es cierto, debió decirlo de otra manera, pero salió de pronto y sí que fue duro cuando contestó:
—¿Te tengo que pedir permiso para ir donde la tía Trui?
¿Ya no decido nada sobre mí misma?
No llegó el “revienta”, ni siquiera los “drudels”, sino un dolor punzante justo debajo del corazón humano; es algo muy distinto.
Jeus ya no dijo ni una, pero Crisje sabía que lo había lastimado.
Ahora más vale ser toda mieles con él, pero ya no te las va a querer comer, Crisje.
Jeus lo sabe, allí está su compañero amante.
Su... ¿qué?
¿Quién estaba allí?
¿Entiendes ahora que mamá beba aguardiente con azúcar de tu tía Trui?
¿Lo hace mamá?
¿De esos tipos nefastos?
Si supiera papá.
¡No, hoy no como!
¡Hoy no quiero nada!
¡Nada!
Me iré a la cama con el estómago vacío.
¡Me tomaron el pelo!
Y ahora empieza la lucha de Jeus.
Primero a explorar un momento si en la cabeza de mamá también se trata de seriedad sagrada, y luego a seguir.
Gracias a Dios, se ha preocupado para nada.
No hay seriedad.
Pero Jeus lo sabe.
La tía Trui solo piensa en ella misma y en Otto.
Luego Crisje oyó que a todos los chicos les dolía la nuca, y se lo enseñó a Trui; después esta empezó a despotricar.
—¿Puedes consentir que tus chicos afrenten a mi Otto, Cris?
Si fueran mis hijos, ya les enseñaría otra cosa.
Los chicos le dijeron:

—Y da el caso que no es así, tía Trui.
Y si sí fuera así, tía Trui, ya te daríamos algo ahora, tenlo por seguro. —Y con eso se las podía arreglar Trui.
Otto no lo toleró y cuando quiso golpearles con violencia a los chicos, Crisje le dijo rápidamente:
—Otto, si hay razón para golpearles, todavía estoy yo.

Y Otto volvió a su vez:

—Entonces por mí, revienta.
Arréglatelas tú sola. —Y volvió la calma, pero Jeus es el instigador de todo esto.

Otto acechaba a Crisje.
Otto quería ver a su hermano aquí, y ¡eso es!
Pero ahora la gente lo sabe: Trui se va a casar, Crisje ya vendrá sola.
Y ya no importa quién sea primero, Trui lo sabe y también lo hará: ya no quiere esperar otro año.
Y ahora ha empezado el noviazgo pero también algo más, y eso está entre Crisje y Jeus.
También Jan y Marie, hermanos de Otto, llegan de vez en cuando a la Grintweg.
Los chicos ven que Jan hace muecas y que dice disparates.
Ese Jan de Otto es un tipo raro, pero sus disparates no llegan a la altura de los de Gerrit Noesthede.
Ese era distinto, los lamentos de Gerrit Noesthede de verdad daban risa.
Cuando Jan de Otto empieza, no sabes si reír o llorar, así de rara es la cara que pone.
Lo que a Otto le pasa en la nuca, Jan lo tiene en la quijada.
Marie es muy seca, los hermanos viven juntos, Marie cuida a Hendrik y Jan, lo que hartó a Otto, quien ahora se está largando.
Por cierto, Otto ya vivió solo hace años.
Tuvo que dejar ir a su mujer, pero a Trui le gustan los niños y puede hacer algo por Nuestro Señor en su casa.
¿No es cierto?
Tu solamente lo conviertes en celos, ¡no hay nada más!
¡Los pensamientos y sentimientos espirituales de Crisje y su Largo han quedado blindados!
¡Enterrados!
De lo contrario, Crisje no habría aguantado un segundo donde Trui.
Ahora puede sintonizar con el mundo material y también a este le da todo lo suyo, aunque nadie lo sabe, ni Jeus.
De manera premeditada y sentida mandó todo lo que compartía con el Largo a la estancia más profunda de su corazón.
Y cuando todo había quedado oculto allí, quedó echado el candado a esa puerta inhumanamente pesada.
Solo el Largo y Crisje saben cómo se puede abrir ese candado.
Y —claro— también Nuestro Señor, porque es “ÉL” quien revisó el candado y luego dijo:

—Así está bien, Crisje, tú sabes, al igual que Hendrik el Largo, cómo es que esto no puede ser, pero ¡sí debe ser!

Se resignaron y entonces Crisje pudo empezar con el pensamiento material y terrenal.
Tía Trui, Crisje está ahora preparada.
Pero nadie sabe lo que ha ocurrido con Crisje.
Solo el Largo, pero está en otra parte.
Se han sentido a fondo las cuestiones sagradas, se sopesaron los pros y los contras.
Fueron blindadas y selladas.
Ahora Crisje no puede dar un salto al vacío ni caerá a una acequia, y si acaso pasara, Trui, de cualquier manera lo otro no tendrá nada que ver con eso.
Eso está enterrado ahora y descansa en alguna parte, pero algún día será desenterrado, y entonces, Trui, continuarán los dos, aunque esa vez ¡eternamente!
No entiendes de estas cosas, Trui.
Y por ahora tampoco se te darán a vivir esos sentimientos.
Millones de personas quieren vivirlo, Trui, pero no se esfuerzan por ello; piensan que se puede comprar.
¡Ahora todo quedó arreglado con Nuestro Señor!
Crisje sabe ya lo que puede hacer y lo que se le concede hacer, y eso no tiene nada que ver con Jeus.
Aunque Jeus sucumba, a ella ya no se le puede influenciar.
Crisje no se lanzó a la ligera, su decisión tiene mucho fundamento.
Pero hizo ascender decenas de miles de padrenuestros y avemarías, vivió el viacrucis dieciséis veces, y luego llegó la palabra, la única respuesta a su pregunta: “Señor Nuestro, ¿qué debo hacer?”.
¡Es Jeus!
En ese momento Nuestro Señor miró a Jeus, con benevolencia, habiendo sopesado todo, claro, Trui, pero entonces Jeus en el fondo todavía era demasiado mocoso.
Y ahora, Trui, se van manifestando las preguntas humanas.
Incluso los ángeles se entrometen, también son jueces que entienden de todas estas cosas.
Pero sin duda que será una pandilla de lo más particular, ya verás.
Si ahora no se suma un suicidio, será por sí solo un milagro.
También el Largo ha visto su propio paraíso.
Vio bellas flores, eran espléndidas orquídeas, y los ángeles le cantaron.
Eran coros imponentes los que se le dieron a escuchar, y su pureza y belleza eran una caricia para Nuestro Señor, pero el Largo se las mandó a su Cris.
En la iglesia, arrodillada ante el ascenso al Gólgota, Crisje oyó absolutamente todo de su Largo, pero pensó que era Nuestro Señor mismo quien la hizo escuchar estas cosas sagradas.
Y en ese momento Crisje supo lo que tenía que hacer, también para el Largo.
Cuando se enteró el señor párroco, su buen amigo de siempre, este sintió incluso más respeto y deferencia por Crisje que antes, y en presencia de ella se enjugó las lágrimas.
También le saltaron las lágrimas por Jeus, pero entonces ¡el señor párroco lo sabía todo!
Le regaló a Crisje un bello rosario y una bendición que no se da casi nunca a los seres humanos, pero por la que Crisje rezaría por Jeus.
Ay, ese pobre crío.
Llegó a tal punto que el señor párroco dijo que Crisje ya no tenía que confesarse ásí, ¡ya estaba todo en orden!
¡Es enorme lo que Crisje pudo hacer en los meses pasados!
Y si Jeus pensó que se le concedía mangar para Teun y Miets, estaba más que equivocado.
Desde ese momento Crisje empezó a pensar alejándose de él, en línea recta hacia otra cosa, hacia la seguridad para ella y los chicos.
¿Acaso pensó Jeus que Crisje no se había asustado?
Desde ese momento las cosas empezaron a ir en serio.
Y Jeus será consciente de eso solo después, ahora todavía no es posible.
Solo entonces sabrá que es su propia culpa.
También para él quedará claro entonces que aquello por lo que lucha pertenece a los adultos y que no son cosas para un chico de trece años.
Crisje ha enterrado su vida interior en un ataúd, y esa caja el Largo la llevó a otra parte.
Cuando ella estuvo allí, el Largo vio que había dos bellas flores encima de la caja, y eran él mismo y su Crisje querida.
Las flores eran del color de sus almas y allí se podía ver a la vez cómo habían vivido juntos Crisje y el Largo, y lo mucho que se amaban.
El Largo vio que también había otras cajas de otras personas, lo que le hizo entender que en realidad tenía mucho de un juicio final, por lo menos para esta vida, ¡para la de él y Cris!
Nuestro Señor podía deducir de las flores si el hijo de la tierra no “LO” había engañado, y luego la vida volvía a seguir.
Los siete jueces llegaron para ver si el Largo no hacía trampa, pero cuando vieron los colores que representaban las flores, le dieron al Largo su aprobación, así como su entender, y se le concedió cerrar su tumba.
Y también fue el momento en que se le concedió al Largo empezar su propia lucha con respecto a Crisje y Jeus y lo otro, a lo que también pertenecía Hendrik Wageman, que cantaba como primer tenor, pero eso el Largo todavía no lo sabía.
Luego de esto, al Largo se le dio a vivir una visión tras otra que se le mandaba desde un templo, sin más, como solas, pero acompañadas de eclipses solares.
Una imagen lo conectaba con otra, y la última tenía que ver a su vez con la primera, y también corría sangre, sangre de personas, era realmente humana; la escena lo llevó en línea recta de vuelta a la tierra, a una sociedad humana en la que todo era enaltecido y construido con animación por los seres humanos.
Ahora el Largo pensó: ‘Lo más probable es que todo eso sea mío’, pero esa alta probabilidad se convirtió en realidad, se convirtió en seriedad sagrada y desde ese momento el Largo se entregó por completo.
Fue también para el Largo un tiempo de reflexión, aprendió enormemente.
También para él fue: “¿Puede ser eso?
¿Es posible?”.
Pero el Largo siguió.
Luego se preguntó:
‘¿Ocurrió un desplazamiento en los cielos?
¿Se tiene que casar mi Crisje?
¿No se podrá prevenir?
¿No saben nada de Crisje en los cielos?
De una persona tan sagrada, ¿nada?
¿Qué quiere hacer Dios con su gente?
¿Se puede vivir más inmaculadamente que Crisje?
¡Imposible!
¿No tiene Nuestro Señor un ápice de respeto por “SUS” hijos de buena voluntad?
¿Se tiene que echar a los cerdos el sagrado yo del ser humano?
¿Puede ser?
¿Debe ser?
¿No hay otro camino que se pueda seguir, que se pueda vivir?
¿Nada más?
No, ¿lo dice en serio?
¿Se deleita Nuestro Señor en pegarles a “SUS” hijos?’.
Al Largo le van surgiendo preguntas que anteriormente jamás se había imaginado.
Y luego hubo una tormenta en su vida, vivió una convulsión nerviosa, el Largo gritó tanto que se llegó a oír en la parte baja de la Grintweg, por lo menos para quienes llevaran estos oídos, para un ser humano los oídos interiores.
¡Entonces el Largo empezó el camino!
Primero atravesó a gatas miles de criptas.
Las tuvo que atravesar, lo quisiera o no, y también salir de ellas otra vez, pero mientras tanto podía echar un vistazo alrededor.
¿No estaba allí él mismo?
‘¿Cómo es posible?’, pensó el Largo.
‘Yo mismo también estoy allí’.
Por debajo de la tierra fue arrastrándose hacia la luz eterna, hacia la realidad.
Y esa luz también le dio la sabiduría, ¡el saber!
¡Se arrastró hasta el “final” de la tierra!
¡También el final de una existencia humana!
El Largo regresó al momento en que el Dios de todo lo que vive empezó con “SUS” creaciones, ¿haciendo un ser humano con polvo y algo de aliento vital?
Hendrik el Largo siguió conscientemente, golpeándose a veces la cabeza y el corazón hasta hacerlos sangrar, pero eso no importaba, ¡ahora iba a seguir!
¡Sudaba sangre, el Largo!
¡También chillaba como un cerdo!
Así de imponente era lo que ahora vivía y se le daba a aceptar.
Cuando ya no vio ni una tenue lucecita por ninguna parte se recostó para descansar y tocó todos sus violines hasta destrozarlos, pero nadie escuchaba, no había nadie, solo estaba él.
Tampoco el Largo se lanzaba a la ligera.
Él también pasaba ahora por encima de fundamentos, pero ¡podía decir sí y amén!
Se deslizó por encima sin desnucarse.
No se atrevió a adornarlos de volutas, para eso la vida era ahora demasiado seria.
Todo su pensar y sentir estaban sintonizados con esto nuevo, de lo que pensaba que no estaba allí, pero ¡allí estaba!
‘Siempre estuvo allí’, murmuró el Largo para sus adentros, ‘pero yo y millones de personas de allí no lo saben, tampoco el señor párroco sabe nada al respecto, ¡nada!
¡Qué pena!
¡Se le concederá saberlo más adelante!
¡Más adelante!
¡A todos ustedes’ vocifera el Largo, ‘se les concederá entonces saberlo!’.
Ahora el Largo se vio enseguida ante otra universidad.
Y a causa de esa universidad cayó derribado y por un momento se vio frenado.
Ahora tenía un agujero en la cabeza, pero eso tampoco importaba; siguió, mientras soñaba un momento, luego de manera más consciente, y empezó a hacer preguntas.
El Largo ni siquiera sentía que estaba embrujado, esta voltereta también tenía a su vez algo terrenal porque allí estaban esas tumbas.
En su descanso temporal oyó que algo lo despertaba.
Un pequeño despertador lo mantenía despierto y el timbre de ese cachivache seguía sonando.
Ahora que estaba empezando a pensar otra vez dejó de sonar el timbre y el Largo lo entendió plenamente: ya no podía quedarse dormido aquí.
Luego vio un eclipse solar del que él tenía la culpa.
Estaba en el centro de esa luz, pero con la espalda hacia lo verdadero y eso en la tierra nunca había querido comprenderlo.
¡Estaba viviendo aquí la realidad de cómo los seres humanos pueden provocar esos eclipses solares, y lo aceptaba!
Un poco después, cuando retomó su caminata, se vio ante una pequeña señalización.
El Largo sentía que ahora podía decidir por sí mismo si quería ir a la derecha o izquierda, hacia arriba o hacia abajo.
Y eso le pareció malo, lo llevó a dudar; porque implicaba peligro, incluso podría perderse en esta vida.
Y eso ahora ya no lo quería el Largo.
Entonces preguntó:
—¿Vivió el ser humano varias veces en la tierra?
—Era una bella pregunta.
Pero ¿quién podía contestarla?
Y un poco más tarde salió de su boca—:
¿Soy yo mismo ese quien soy ahora, o antes era otra persona?
Pero eso ya lo sabía, se le concedió asimilar este conocimiento por haberse arrastrado por debajo de las tumbas.
Aun así, todavía no era todo, Crisje lo seguía y por ella quería saberlo todo.
Y de nuevo se desplaza con rapidez por la vida para constatar si él y Crisje ya se habían conocido antes, o sea, antes de esta vida.
Ahora el Largo explora las señales, intenta sentir si es él mismo quien yace allí y si está Crisje, y sí: se ve a sí mismo y a Crisje delante de él.
El Largo se encontraba ahora ante miles de leyes vitales, ¡también ante el bien y el mal!
Entonces se asustó; primero quiso largarse, pero enseguida cambió de parecer para finalmente seguir adelante.
Ahora cada ley lo derribó y quedó destrozado su último violín.
Y esas leyes lo arrojaron entre la vida y la muerte; muchas otras lo volvían realmente loco, pero por medio de otra mano —era un suave roce— recuperó su propia conciencia y pudo volver a seguir.
De esta manera, el Largo perdió su seguridad, pero recibió otra, ¡y no era nada menos que la de su alma y espíritu!
Solo ahora el Largo entendió: ¿se trataba aquí de absolutamente todo?
Su gatear por debajo del suelo le aseguraba sabiduría vital.
Ahora volvió a verse en la tierra como un pobre diablo, y en aquella siguiente existencia como un poeta.
En su mano —el Largo ahora lo veía de manera consciente— veía una elegante pluma, una cubierta de plumitas, y era suya.
A diestro y siniestro ve libros, hojas de pergamino con textos escritos en ellas y eran de su puño y letra, ¡todo era suyo!
Todavía más hacia atrás ¡se ve a sí mismo en la jungla!
Allí es un rey de la jungla con aros en la nariz, y no le decía mucho.
Esa vida emperifollada le daba escalofríos, porque ahora sentía y también veía que esa conciencia no significaba nada.
Salió corriendo rápidamente de aquí hacia la siguiente escena, que era de él mismo y Crisje, porque lo que buscaba era eso.
Mientras corría así, alguien lo alcanzó, y le preguntó:

—Oye, qué rápido corres, amigo, ¿tantas prisas tienes?
Cuando el Largo quiso saberlo todo de una vez, y preguntó si aquel otro podía contárselo, oyó:
—¿Quieres enterarte en unas cuantas palabras, o por una historia larga y enrevesada...? —El Largo optó por la primera opción—.
Escucha entonces.

Siguió, y luego el Largo oyó:
—Largo, oyes que te conozco, todo esto significa que la vida de “DIOS” es indestructible.
Viviste varias veces en la tierra.
—¿Eso es todo?
—¿Todavía no te basta, Largo?
—Y ¿qué quiere decir eso?
—Que nosotros, los seres humanos, hemos dejado nuestras vidas hechas añicos, Largo.
—Vaya, ¿es eso?
Qué pena, pero ¿usted quién es?
—Soy “alguien”, Largo.
Conozco a todos los seres humanos.
Y tú no estás preparado para esta vida.
Por no haber querido nunca tomar un buen libro en las manos, ahora tampoco entiendes ni jota.
Tú, Largo, ni siquiera escuchaste los bellos sermones del señor párroco.
Sí que cantabas en el coro, pero aquello otro no significaba nada para tu vida.
Y si hubieras sido un tipo tan bueno, no me habrías visto a mí ni a ti mismo.
Pero hay una satisfacción, Largo: Crisje seguirá siendo tuya, y eso eternamente, pero —y luego continuarás—, primero tienes que fijarte bien y luego también podrás saberlo.
Bueno, eso es todo, y puedes estar contento.
Pero tú y ella, Largo —ahora te vas a enterar—, no te asustes y ya está bien, ponte derecho como un hombre, muestra que en ti hay chispa, Largo, ¡tienen (tenéis) cosas que enmendar con ese muchachito cohibido!
Lo sientes, ¡todo! (—dijo.)
Cuando el Largo quiso preguntar aún más, aquel otro ya había vuelto a desaparecer.
Y tras un poco de descanso tomó otra decisión y volvió a sumergirse en la tierra, atravesando todo el mundo.
Ahora el Largo está llegando donde los alemanes, los franceses, los ingleses, los indios y a Marruecos, sin olvidar Estados Unidos, aunque en realidad ni existía en ese momento...
También se ve entre los indios salvajes.
En el Antiguo Egipto se ve a sí mismo y a su Crisje ¡como una momia!
Diosito mío, Largo, ¿qué te parece?
Y aun así ese eres tú, y quien está a tu lado es el alma de tu Crisje.
¡La misma alma, Largo!
Pues solo una vez en tu vida Nuestro Señor te da una sola alma, que te tiene que durar toda “SU” eternidad.
Y esa cosa no se desgasta, no se la puede romper, eso por cierto pronto lo constatarás tú mismo, esa cosa es eterna y ¡funciona siempre!
Para bien y para mal, Largo, pero sobre todo para el sosiego, la paz y el amor, y entonces la cosa funciona para Nuestro Señor, ¡para el que nació!
Es en Alemania que el Largo ve cómo va cargando una cruz y encabezando un desfile.
Y ahora ve que Crisje camina a su lado.
Es increíble, pero ¡tiene que aceptar este milagro!
¡Ese es él y aquella es Crisje!
Ahora siente enseguida los problemas de esta vida y ahora ve que ha robado a Crisje.
¡Allí va Hendrik Wageman también!
¡Largo!
Míralo tú mismo, tú le quitaste su amor.
El hombre sucumbió y ahora tienes que enmendarlo, y tu Crisje contigo.
¿No lo crees?
En ese caso, solo te queda intentar escabullirte.
La tía Trui ya echó los primeros y los últimos fundamentos, ¡puede ocurrir pronto!
Cuando hubo pasado eso, el Largo se vio a sí mismo en el escenario.
Eso de allí sí que era cantar.
Ahora lo sabe, en esa vida cantó hasta quedar vacío, de lo contrario habría partido para el escenario, no habría sabido resistirse.
Se vuelve a ver con todas esas viejas chifladas y entonces ya le pareció suficiente, y continuó.
‘Dios mío’, piensa el Largo, ‘todavía no he pagado los platos rotos por todas esas locuras, pero ¡es la verdad!’.
Y cuando en ese momento miró con detenimiento a su alrededor, oyó rezar a la gente y despertó girándose.
Ahora el Largo se ve en medio de la cocina.
El vecindario está arrodillado, pero Jeus lo mira directo a los ojos.
En unas horas el Largo ha envejecido mil siglos, pero lo que vio y vivió ocurrió en sosiego y paz, yaciendo en el atrio de Nuestro Señor, pero más adelante verá la verdad de lo que vio.
En ese instante oye: “Torre de David, ¡reza por nosotros!
Estrella Dorada, ¡reza por nosotros!
Arca de la Alianza, reza por nosotros”.
El Largo sale corriendo, todavía mira un momento su cadáver en el ataúd, pero se lleva esos rezos.
En alguna parte, en una bifurcación, arrojó esa carga del hombro y echó por la borda los rezos; el Largo no quería tener que ver, la realidad se lo estaba mostrando de otra manera.
Entonces el Largo vio que el ataúd humano es alto y bajo, que está a la izquierda y derecha, y que se va haciendo ancho y redondo si tú mismo le das esa forma redonda y la sientes en tu interior.
Y entonces allí se hicieron las once, la tía Trui cerró la puerta de entrada, los vecinos se fueron, pero Jeus pudo ver y vivir al Largo, después de lo que este pudo decir: “Hasta luego, ¡volveré!”.
Luego, el Largo empezó a trabajar en sí mismo, a trabajar para Nuestro Señor y aprendió a ver y apreciar a aquel desconocido.
Ese era Casje.
También el otro Largo, Jeus, pero eso no lo sabes ni tampoco tienes que ver con eso.
Todo esto le pertenece a tu padre.
¿Se trataba del Largo, de Crisje y de Jeus?
No, Jeus, ¡se trata de Hendrik Wageman y de lo que debes hacer y de lo que precisamente debes dejar de hacer!
¡También el que hayas mangado no significa nada!
Pero lo que algunos tenían que considerar y asimilar para este mundo material, otros tenían que aceptarlo para lo espiritual.
Entonces Crisje y el Largo supieron por qué Trui se alteraba tanto e incluso tuvieron que estar agradecidos con ella.
¡Crisje y el Largo sabían que ahora Hendrik Wageman podía llegar!
Jeus, ¡ya te vas al garete!
No estás solo contra todos esos problemas, también tu padre está frente a tu vida y ahora ¡tú tienes que ser vencido!
¿Quién puede luchar contra esto?
Entonces puedes sentirte rico tú también durante unos días; todo el año están devorando tu sangre y tu sudor.
¡Ya veremos lo que te depara el futuro, Jeus!
Nuevamente —mejor despréndete de ello—, también entonces Casje sabrá cómo habrá que actuar.
Estamos en pleno verano.
Jeus trabaja a gusto en la fábrica de mantequilla, y las cosas van muy bien.
Se queda allí porque gana bien, y en casa, pues, allí que se las arreglen.
Desde hace un tiempo Crisje ya no tiene quejas; Jeus piensa, ‘las cosas van bien, y no podrían estar mejor’, ya saldrán por sí mismos de todos estos problemas.
Hace gimnasia artística y anda en bici, es bueno para jugar al fútbol, el dinero que se guarda, se lo gasta en deportes.
En la fábrica es querido, a veces el patrón comenta los negocios con él.
En este niño vive el sentimiento de un anciano y quiere progresar, tiene sensibilidad por las preocupaciones y eso le gusta también a este patrón.
Pero sigue sin pagarse el arrendamiento, hay que cambiar muchas otras cosas, a Miets y Teun les hacen falta muchas cosas; sin embargo, pronto Gerrit y Hendrik vendrán a ayudarlo.
Cuando llega a casa por la noche comenta con Crisje cómo va todo, aunque siente que ella ya no es para nada tan franca con él como antes, pero puede entenderlo.
Hay que ver todo esto, estás solo ante todo, pero todavía falta mucho para que pierda su esperanza y su valor.
Una noche, cuando llega del campo de fútbol, hay un hombre sentado en la cocina.
Conoce a esa vida, por supuesto, es el hermano del tío Otto.
Pero ¿qué busca ese hombre aquí, mamá?
Siente una punzada de agudo dolor justo debajo del corazón.
Y eso mamá no debe saberlo, y ese hombre tampoco tiene por qué meter las narices en eso.
Crisje le da:
—Este es Hendrik Wageman, Jeus.
Conoces a Hendrik, ¿verdad?
¿Se ha vuelto demente mamá?
¿Loca de remate?
Empieza el juego a vida y muerte.

—A los amigos no se los echa de casa sin más, ¿lo quieres recordar, Jeus?

—¿Alguna vez estuvo en el cuarteto de papá? —le pregunta a Crisje.
Y entonces la contestación es:

—No, claro que no.
No le cabe en la cabeza.
¿Qué tiene que buscar ese hombre aquí en nuestra cocina?
Cuando el hombre le quiere dar una moneda, no la quiere aceptar de él, le basta y sobra su propio dinero.
Y tampoco va a salir de la cocina, se quedará donde está ahora.
Esta es su cocina, ¿lo sabes, Crisje?
‘Las cosas que se te ocurren, mamá, ¿no me digas que eres como la tía Trui?’.
¿No tiene que ir a jugar al fútbol Jeus?
—No, no es asunto tuyo, de todos modos no podrás deshacerte de mí.
Y ahora están allí Crisje y Hendrik Wageman, sin saber ya de qué hablar.
Hay un enemigo sentado entre los dos, y es Jeus.
¿Qué quieres?
¡Lárgate de aquí, rápido, no pintas nada aquí, esta casa es nuestra!
Mía y de todos nosotros.
¡Largo!
Por qué no te vas, ¡fuera de aquí!
¡Con solo mirarte te echo de aquí!
Y ahora no le queda otra a Hendrik Wageman que partir.
¡Crisje ya no mira a Jeus!
Se larga, se va arriba.
Crisje todavía no puede hablar, pero contrario a lo que pensaba antes, Jeus piensa ahora que se trata de su Crisje, de su amor.
¿Quién ganará, Jeus?
¿Trui?
Aunque día tras día esté encima del alma y la gloria de mamá, a Trui ahora no le importa un bledo, ¡tú vas a perder!
Desde ahora se divide en dos, sabe hacer el trabajo de la fábrica a ciegas y ya no hay ningún acuerdo que vivir, ahora sigue sintonizado con la casa, con Crisje y sus propios sentimientos.
Una noche anda corriendo por la cancha de fútbol y de pronto siente algo que lo manda en línea recta donde Crisje.
¿No no lo imaginaba?
Hendrik Wageman también acaba de venir.
Crisje ya pregunta:
—¿No tienes que jugar al fútbol, Jeus?
—No —se oye, un poco severo y duro—, ahora no tengo nada que jugar al fútbol.
Vuelve a estar entre dos personas que quieren contarse algo, pero que no pueden hacerlo a causa de su presencia.
Y para su vida es: no quiere oír ese zureo.
Si Crisje le contara —y eso todavía ocurrirá, sin duda— que volvería a comenzar con el zureo humano, vivirá que él se burlará de ella en sus narices.
Porque eso es, ¿no?
Lo está viendo, está allí él mismo, de verdad que Hendrik Wageman empieza a zurear.
Pero también se da cuenta de que eso no es gran cosa, es el zureo de una paloma común y corriente, una pareja de esas la consigues por treinta centavos, ¿no lo sabe mamá?
Pero es la batalla preliminar por Crisje, y entonces las palomas saldrán volando al espacio.
No, no es una paloma volteadora.
Mamá es una colipava, ese hombre de allí no es un buchón, un buchón es algo muy distinto.
Un buchón se exalta, también zurea de otra manera, rueda la cola por el suelo y no se quita de encima, pero esta paloma se frota las manos y pretende estar alicortada.
¡Qué miseria!
No quiere ni pensarlo, pero ve que terminará en esto, si no mamá nunca metería al hombre en casa, no podría aprobar nunca que ocupara la silla de papá.
¿Todavía no te levantas de allí?
¿Qué haces en la silla de papá?
Sal de ese rincón, ese es mi lugar.
¿Ahora entiendes a mamá?
A veces Crisje lo ve sonreír, pero no sabe por qué lo hace.
Ahora que ella deja entrar otra paloma, el mundo que Jeus poseía solo con ella —es lógico— queda cerrado a cal y canto.
Pero él se burla de las inocentes travesuras de ese hombre allí.
Santo cielo, por favor, ¿eso es zurear?
¿De verdad no ves a quién tienes a tu lado?
Quisiera tomar a Crisje en los brazos y la apretaría hasta matarla.
Pero ¡no te atrevas a intentarlo!
Jeus desmenuza un pedacito de pan y tira las migajas por la mesa.
Dice:

—Toma, come algo, paloma loca que eres.
Haz algo, actúa, por favor, o lárgate de una vez.

Mientras tanto, tiene la sangre mezclada.
Pero el cerebro le funciona a plena potencia, vive un verdadero drama humano.
¿Quiere mamá dejarse zurear por semejante paloma de lo más común?
Te daría un ataque del susto si ocurriera.
Ahora que ese explorar y ese espantoso callar duran demasiado, ese estarse mirando de reojo, ese desgarrador sentimiento entre ellos, Hendrik Wageman hurga en su bolsillo y le tiende algo.
—Toma, Jeus, te doy un marco.
Por qué no vas a comprarte algo.
Salió con suavidad, pero esta no se acepta; Jeus reacciona con rapidez y fuerza, y le espeta al hombre, en plena la cara:
—No quiero tu marco.

Ahora a Hendrik se le sube la sangre al cerebro.
Crisje también reacciona, y le lanza a Jeus:
—¡Oye, tú, mocoso asqueroso, sé cortés, ¿quieres?
Se ha perturbado el zureo humano, la paloma macho cayó del techo, no entiende que Crisje despotrique contra él.
Pero ella recupera el control de sí misma cuando dice:
—Que sepas que aquí la que manda soy yo.

Eso es suficiente, Crisje.
Ahora Jeus lo sabe: la lucha ha comenzado.
Ahora le abres un gran boquete en el alma, destrozó su vida con un gran estruendo.
Jeus sale volando.
Corre al bosque, está en alguna parte y en ninguna, y sin pensar vuelve a andar hasta el lugar donde alguna vez vio cómo el día se convirtió en noche y el Gólgota le habló a su vida.
Pero ahora está allí solo, nadie lo ve y no quiere saber nada de aspiraciones elevadas.
¡Lo engañaron!
Casje, Fanny y José, y el Largo, pueden irse al demonio.
Le acaban de dar una paliza tan dura, también tan vil que piensas que te hará sucumbir.
Ahora la sangre se te sale por las costillas, y eso por tu propia madre.
¿Todavía no se derrumba el mundo?
Ay, Señor Nuestro, ¡Crisje es una estafadora!
¡Mamá miente!
¡Te traicionó!
Cómo es posible, ya no se ve ningún Señor Nuestro, lo acaba de vivir él mismo.
Escucha, pero ni un gorrión se deja oír.
“Entonces que se se vayan al infierno todos”, se oye, y Jeus se tira al suelo, pero sin llorar, ya quisieran.
Un poco después se queda dormido allí.
Cómo puede ser, duerme y olvida todo.
Crisje escucha para ver si todavía no ha llegado; son las tres.
¿Qué le ha pasado a su Jeus?
Acaba de subir y todavía no había llegado.
Le asalta el miedo, es espantoso, es inhumano.
Ella también se queda dormida, pero Jeus despierta y sale corriendo del bosque, en línea recta a su cama en el ático, y vuelve a quedarse dormido.
Cuando llega abajo a la mañana siguiente el café ya está listo, y Crisje empieza, tiene que contarle algo, tiene que rendirle cuentas.
—Jeus, tengo algo que decirte.
Te debo una explicación, pero se puede con unas cuantas palabras: ¡Ya no nos alcanza el dinero!
También en eso nos hemos encallado, ojalá lo entendieras.
Ya salió.
Y Jeus reacciona pronto:
—Pues será todo muy cierto, mamá, pero no por eso nos hace falta este hombre... —Oye Crisje, y ella puede saberlo, pero no quiere oír hablar de aceptar.
Jeus continúa:
—¿Qué se le ha perdido a ese hombre aquí, mamá?
¿Qué tiene que ver ese hombre con nuestra pobreza, mamá?
Nada, no es asunto suyo qué esfuerzos tengamos que hacer y nada... —Pero retira el resto, Crisje sabe exactamente a qué se refiere.
Y ahora Johan y Bernard les impiden seguir hablando, y eso también es horrendo, pero tienen que aguantarlo, ahora hay que esperar hasta la noche.
Pero todavía no se ha dicho la última palabra, y para la última de todas todavía falta bastante, pero entonces le saldrá fluyendo la sangre por las costillas y habrá víctimas.
Y entonces tal vez tengan un diálogo de sordos.
Si no pasan cosas graves, porque entonces ya no queda nada más que hablar.
Pero es posible.
A causa de una sola palabra, una sola palabra a la ligera, la gente cometía suicidio, había muertos, se descuartizaba a las personas y también se ponía a la gente en las hogueras; a causa de una palabrita a la ligera miles de personas se destruían, también por una sola acción el amor se convertía en odio, y la buena voluntad en destrucción consciente, y el hombre y la mujer se convertían en animales.
Así, una sola palabrita puede animar al ser humano para mal o para bien.
¿Que si Jeus puede odiar?
Ya nos lo contará el futuro.
Crisje no sabe hacerlo, jamás pudo, pero es grave, es increíble, ¡aquí se trata de todo!
Durante todo este día, Jeus piensa en Crisje y Hendrik Wageman, pero también en el Largo, su padre.
No puede hablar con Bernard y Johan.
No tienen un lazo, un contacto interior con mamá, ellos —Jeus lo sabe con seguridad— viven en casa y en realidad a la vez no están allí, por lo menos en cuanto a esos sentimientos interiores.
Y naturalmente, después del trabajo vuelve a casa corriendo para poder hablar con Crisje, es algo que se desarrolla entre ellos dos.
Crisje empieza:
—¿Estás enojado conmigo, Jeus?

La respuesta que recibe es:
—¿Por qué iba a estar enojado contigo, mamá?
Ella continúa y dice:

—¿De verdad no entiendes que nuestro hogar está decayendo?
‘Esto último es un error, no es cierto’.
Ahora ella ya no puede hablar de “nuestro”.
Estos son los pensamientos de Crisje.
Cómo es posible; ahora, al hablar, ella se aleja de la vida de él.
Tiene que hablar de forma destructiva, lejos de él.
Y ahora sus palabras derriban paredes, paredes que fueron edificadas por amor, pero que ahora están siendo demolidas conscientemente.
Lo más querido de todo se tiene que alejar por un momento, ya no tiene significado, tiene que ocurrir conscientemente o no lograrás lo que quieres.
Y es el cortar por la mitad del corazón humano, el pequeño corazón de Jeus.
Es algo horripilante.
Crisje lo sabe, también lo siente, ay, que Dios me libre, pero ¡hay que hacerlo!
Y entonces de pronto Jeus está ante un cadalso; el hacha cae cuando Crisje dice:
—Hendrik me ha pedido ser su mujer, Jeus.

Jeus se siente picado, pero a la vez tampoco es eso, es algo muy diferente, que corra la sangre es algo muy diferente, esto es peor.
Toda tu vida queda patas arriba y piensas que te estás volviendo el colmo de la sordera.
Y eso todavía no es nada comparado con esto que ahora vive en él.
Es tan extraño, pero también tan desagradable.
Se le escapa:

—¿Qué?
¿Qué me estás diciendo, mamá?
—Pero ha entendido con claridad cada palabra, porque todavía añade—: Claro que te burlaste de él en su cara, ¿no, mamá?
Y ahora que ve y tiene que sentir que Crisje no se burló de ese hombre, ya no sabe qué hacer, y es lo último de todo para la vida de sus sentimientos; se ahoga, revienta, se desmorona y aun así sigue siendo él mismo, así de inhumano es, porque Crisje le dice:
—No, Jeus, no me burlé de él, ¡porque nos espera la caridad!
—Y todavía sigue—: ¡Ya no nos alcanza!
Ya no veo ninguna salida, Jeus.
Ya no sé si ir hacia adelante o atrás, Jeus.
Pero todavía no he dicho nada. —Sigue, porque ve que Jeus cambia como se derrite la nieve, parece estar verde y amarillo, su cuerpo sufre sacudidas y la luz se le ha ido de los ojos.
Pero ¿eso todavía sirve, Crisje?
Entonces sale de la boca de Jeus:
—Qué demonios, mamá.
¿Y tengo que llamarlo papá?
—Ya vendrá solo, Jeus —sigue Crisje, a pesar de todo, a lo que se le contesta:

—Ya quisiera él, ¿verdad?
¿Ya vendrá solo?
Pero eso no vendrá nunca, mamá, ¡nunca!
Más vale que lo sepas, eso no vendrá nunca.
Nunca le voy a decir papá a ese.
—Y luego Crisje todavía oye—: Tú lo tomas, mamá, pero yo me quedo conmigo.
Entonces ya no tendré nada más que decir.
Allí está Crisje.
Entran Trui y Otto; Jeus sale corriendo de inmediato, no quiere ver a esa gente.
Casi los derriba y Trui le dice:
—¿No puedes abrir los ojos, maldito mocoso?
—¿Qué dices?
¿Mocoso asqueroso?

Habría querido decirle algo muy distinto, pero también está Otto y no puede pelear con ese gordinflón.
Pero por él, que Trui reviente, y a ella también le queda claro de cómo actúa, pero entonces ha desaparecido.
Ya no recuerda dónde acaba de estar.
Pero estuvo sentado arriba en (la montaña) Hunzeleberg, fue volviendo así durante horas a través de los bosques de la (comarca de) Montferland.
Era una delicia, en plena noche, el silencio aquí te pone a temblar, y así puedes pensar.
Y luego volvió a subir dificultosamente las escaleras, se acostó un momento para dormir, pero no lo lograba.
Son las cinco, sale de la cama y recorre la Grintweg hacia abajo, sin café, ya no quiere comer nada, que Crisje se quede con su comida, ya no quiere nada de su vida.
Solo y abandonado va sin rumbo por la carretera de Emmerik.
Muy bien, siguiendo las vías del tren sin caerse rodando, también va mirando los campos, le da una patada a un árbol, maldice y blasfema un poco, pero sigue estando solo hasta que de pronto oye un susurro a su lado, de una persona que también tiene que ir a Emmerik y que, al igual que él, se levantó con las gallinas.
—Vaya, Jeus, buenos días.
Debo decir que hoy te levantaste temprano.
—Buenos días, Casje.
—¡Cuánto madrugaste, Jeus!
—¿Qué dices?
—Te preguntaba por qué habías madrugado tanto.
—Ah, ¿quieres saberlo?
Pensé que lo sabías todo de la gente.
Pero no me vengas con cuentos.
Charlar, eso es lo que sabes hacer.
Pero eso ya te lo he dicho antes.
Eso que dices de ti, cuéntaselo a tu abuela.
No tienes ni puñetera idea.
Ahora Casje reacciona:

—Vaya, eso es, por así decirlo, tonto del bote.
Pero déjame que te cuente otra cosa.
Te lo dije hace un tiempo, que no quiero tener nada que ver con esos asuntos humanos, por los que la gente se tiene que decir cosas duras, y ahora es algo muy distinto.
Jeus reflexiona durante un momento y luego le pregunta a Casje:

—¿Es por el respeto por la gente, Casje?
—Sí, claro, eso también, Jeus.
Pero hay más.
Puedes enredarte en un montón de problemas si quieres entremeterte con las preocupaciones de otras personas.
Hoy quieren creerte y entonces puedes decirles de todo, pero mañana le dan la vuelta a tu sabiduría y entonces te mandan al demonio.
Lo conozco desde hace tanto tiempo ya, Jeus.
Me he tropezado mil veces ya, pero ahora yo también estoy harto.
Ya no quiero tener nada que ver con todos estos disgustos.
—Entonces puedo entenderte, Casje, tienes razón, yo también lo veo en mí mismo.
Te echas los problemas encima y luego tienes que cargarlos tú mismo, ¿no?
—Así es, Jeus, claro.
Es lo que quiero decir.
Pero no bebiste ni comiste nada, Jeus.
—¿Lo sabes?
Salí tal cual, Casje.
—¿Estás enojado con tu madre?
—No, con mamá no puedo enojarme, pero es algo muy distinto.
—Es ese tipo, ¿verdad?
—Sí, es él.
Dime, ¿tú qué harías, Casje?
¿Cómo actuarías en esta situación?
—Es decir, Jeus, no es tan fácil dar una respuesta ahora.
Pero creo que es el hambre, Jeus.
Son las preocupaciones, y ahora todo será diferente.
—Ya lo sé, Casje.
Tú no entiendes de estas cosas.
Maldición.
¿Acaso me quieres decir que a ese tipo tengo que abrazarlo, que tengo que decirle, “Por qué no entras, aquí está mamá, chupa de ella hasta dejarla vacía”?
¿La hemos cuidado bien y tú puedes tenerlo todo de ella?
¡Es para volverse loco!
Casje se ríe por lo bajo.
Jeus lo oye y estalla:
—¿Además de todo eso te hace reírte por lo bajo?
¿Es que no entiendes, pata de buey que eres, que estas son cosas entre yo y mamá?
De eso no tienes ni idea, ¡más vale que lo sepas!
Y ¿pensabas que a ese iba a llamarlo papá?
¿Que no tiene nada que ver conmigo?
Si mamá lo acepta, Casje, ¡ya no como un bocado más!
¡Entonces quiero reventar!
Y si él tiene el dinero para el arrendamiento de la tierra, ya no le doy un centavo a mamá.

Toma algún tiempo, Casje está pensando y tarda demasiado; Jeus ya está preguntando:
—Así que aquí estás, ¿no?
Andarte con cuentos, eso es lo que sabes hacer, pero de esto no entiendes.
Ahora Casje le contesta:

—Te sacó de quicio, eso sí lo tengo que decir.
—Vaya, ¿eso pensabas?
Pero ¿es que no sabes quién es mi madre?
Pensé que sí la conocías.
—Pues mira, Jeus, son asuntos que no me incumben.
Pero ¡tú todavía eres un niño, y estas son cosas de adultos!
Y tu madre tiene que encargarse del hogar.
Claro, tú te partes el lomo trabajando, pero ¿si ni así se remedia la situación?
Y ahora ¿qué?
Jeus piensa.
En realidad, Casje tiene razón, pero ¿de verdad no se le podrá encontrar otra solución?
¿Tiene que ser precisamente otro hombre?
Casje lo sigue y dice:
—Otras personas con contratiempos parecidos, Jeus, empezarían ahora a mangar.
Pero así, encima vuelven a la cárcel en un abrir y cerrar de ojos, y gimen como gatitos.
Y aquí, Jeus, solo hay una posibilidad.
Y si piensas que no entiendo de esto, tú mismo.
Tu madre se va a casar y ahora se encargará de todos.
¡Y eso es todo!
—Pues te digo algo yo, Casje —responde despotricando—: Puedes irte al carajo con tus cuentos.
Para ti es fácil decirlo.
Tú no sabes nada de esto porque no quieres implicarte y ¡se nota a la legua, además!
Tú no sientes nada de mí ni de mamá, ni cuánto la quiero, ¡nada!
Mejor vete al demonio.
No me sirves de nada, ¡es hablarle a un diablo!
¡Y mi hogar, que reviente!
¡Tiro la toalla!
Ahora Casje no reacciona, y durante un tiempo Jeus sigue avanzando sin ganas, pero también siente que Casje todavía sigue allí.
Y luego vuelve a preguntar:
—¿Ahora empezaste a pensar, Casje?
¿O tú tampoco logras entender nada ya?
—Pues estaba pensando, Jeus, y en tantas otras cosas, pero de verdad que no puedo cambiarlas.
Ni papá ni nadie, ¡estas son circunstancias, Jeus!
Cuando Jeus casi llega a Emmerik, ya no nota nada de Casje, pero ahora que piensa en él, oye cómo le llega desde lejos:
—Chao, Jeus.
Era mejor dejarte solo, pues ya habías empezado a pensar por tu cuenta.
Por eso era mejor dejarte solo.
Hasta luego, ya me oirás y verás hoy o mañana.
Anda, sé fuerte, Jeus, y también piensa en tu madre.
‘Con esto ya basta’, piensa Casje.
Ahora no hace falta más.
Un poco después, Jeus entra por el portón y enfila la casita donde venden café.
Poco después, tiene a Johan ante sus narices, con sándwiches que le manda Crisje.
—Come, Jeus, cómete tu pan, no te portes como un loco.
Por más que te irrites, de todos modos no sirve.
¡Me tengo que ir!
‘¡Ay, ese bueno de Johan!’, piensa.
Rompe el papel, entre las rebanadas de pan hay una pequeña nota de Crisje.
Lee:
“¿Estás enojado conmigo, Jeus?
Quiero que lo sepas: aquí nos hemos encallado.
No lo hago por mí misma, sino por los niños, espero que quieras entenderlo”.
No sabe cómo van pasando estos días.
Reina la oscuridad, ¡todo es igual de miserable!
Lo que ayer todavía estaba en flor, hoy está mortecino; fue arrancado brutalmente de la tierra.
Le arrancaron una pierna, pero esta valía más que aquella de Bernard.
¡Señor Nuestro no existe!
Los padres son unos mentirosos.
Lo que hoy aman, mañana lo destruyen pisándolo, en tu propia presencia, ante tus ojos.
¡Todo apesta!
¡Nunca más irá a confesarse!
¡Una iglesia no tiene significado alguno!
Y las madres que rezan el viacrucis son unas hipócritas.
¡De cualquier manera no lo hacen en serio!
Cuando piensas que tienes una madre, ¡la pierdes así como así!
Es una gran mentira lo que es el amor.
¡Mienten más que hablan!
Y si piensas que se te concede amar a tu madre, ¡estás mal de la cabeza!
¿Y hay que llamarle papá a un hombre así?
Pero ¿no es esto un mundo de locos?
¿De verdad se ha vuelto loca mamá?
¡Seguro que sí!
Durante todos esos meses, ¡se desvivió por nada!
Y eso, ¿semejante extraño lo recibe a cambio de nada?
No puede creerlo.
Y aun así, esa misma noche Hendrik Wageman vuelve a estar en la cocina, y en la silla de papá.
Incluso en su rincón, ¿y Crisje lo aprueba?
¿Puede ser eso?
¿Puede ser eso sin más?
Con la mirada lo echan por la puerta.
Aunque La Parca no se muestre aquí, ¡sí que está!
Jeus siente que el Largo está entre ellos y en la mesa, pero mamá ya no lo ve.
¡Hay aquí un olor cadavérico!
Y ahora no hay ningún ataúd, pero ¡dan ganas de matar a la gente a hachazos!
Las personas son unas hipócritas, ¡te sacan a patadas de tu propia casa!
¿Ya ha olvidado mamá a papá, y es exactamente como la tía Trui?
Eso es imposible, ¿no?
¿Se equivocó sobre mamá durante todos estos años?
Ese desmayo de mamá en la tumba de papá, ¿no fue más que un embuste?
¿Un engaño consciente?
Dan ganas de hacer pasar a la gente por ese olor cadavérico para mostrarle cómo hay que hacer las cosas, pero ¿es esa mamá?
¡Fantoches, eso es lo que son!
Este martirio ya dura desde hace unas semanas.
Y entonces se tiene que pronunciar la última palabra, no hay otra opción.
Otra noche, Crisje le da a oír:
—¡Nos vamos a casar, Jeus!
Ahora Crisje se lo ha dicho.
Estas palabras espantosas salieron de su boca de manera consciente y aun así tranquila.
Jeus no siente que a ella se le desgarre el corazón.
¡Estos sí que son disparates!
Eso ya no puede ser, ¿mamá anda con otro?
Te vuelves loco, santo cielo, ¿qué es lo que mamá está diciendo?
Ya no puede ver, se le oscurecieron los ojos.
Ya no tienen ni una lucecita y parece como si le hubieran vuelto a dar la tos ferina y el sarampión, aunque esta vez en su garganta, también en su pequeño corazón.
Y nuevamente no vuelve a haber un desmayo, es lo más extraño de todo.

—Se acabó —le sale de la boca... ¡Eso es todo!
Ahora ya no hace falta más.
¡Es la última palabra!
—Entonces se acabó, qué remedio. —Oye Crisje que susurra... pero le echa un cuchillo frente a los pies, y le encanta no mostrarle que está manchado de sangre, pues eso ya le gustaría a ella.
¡Es su propia sangre!
Ese cuchillo le salió directo del corazón, ¿y Crisje ni siquiera lo ve?
¡Jeus no quiere darle el gusto!
¡Ni siquiera es digna de su sangre!
Los cerdos lo agradecerían, Trui, pero un ser humano ¡no!
Entre ellos hay una sola persona, y, le cruza la cabeza como un rayo, esa persona recibirá el alma completa, ¡todo a cambio de nada!
Eso, que es su madre, por lo que quiere morir, lo recibe otro, ¡así nada más, por nada!
¡Pues púdrete!
No te preocupes, revienta, ¡ya no muevo un dedo por ti!
¡Los “drudels”!
Ahora le parece que un día dura una eternidad, y que la vida ya no vale ni un centavo.
Lo de ayer ya no está, ¡eso está muerto!
“Nunca me dejarás, ¿verdad?” se está burlando de ti ahora, abucheándote en medio de tu cara.
¡Las personas le echan el amor a los cerdos y reniegan de ellas mismas y de Nuestro Señor!
¡No debí haberlo hecho nunca!
Eso es lo más tonto que he hecho en todos esos años.
¡Esto!
¡Y eso es entonces lo que eres tú mismo!
Sí que fui un tonto.
Me comporté como un desquiciado.
¡Me engañaron!
Aunque hayan saboreado algunas delicias, ¡no fue más que un cuento chino!
No las hubo, no las hubo jamás.
No las hubo nunca, pero los labios humanos chorreaban grasa y ¡se divertían tanto que comparado con eso, una fiesta con champán no pintaba nada!
Pero era mierda.
Lo otro también, ¡era mierda!
Asqueroso y apestoso, pero se trataba de seres humanos.
De verdadera sangre humana, pero ¡eso no significa nada!
¡Nada!
¡Que se pudra!
Sí, Jeus, ¡así es!
Crisje ya viene de vuelta cuando le hace saber:
—Jeus, háblame.
¡Ya no puedo enfrentarlo!
Jeus piensa, ‘Pues entonces mejor ponte a mirarlo y lo haces de otra manera.
Yo no tengo nada que ver con tu vida’.
Y ahora a Crisje se le da a ver y vivir una cortesía que nunca antes ha sentido en él, pero que ahora está allí y que prueba que Jeus no es capaz de odiar.
—Eso es algo muy distinto, mamá, también ya te lo dije, ¿cierto o no?
Pero ¿si fuera otro hombre, mamá?
¿Exactamente como era papá?
Entonces no tendría nada que decirte.
Y espero que recuerdes —se oye ahora—, que no estás en venta, ¿no?
Tú no, mamá, ni por todo el dinero del mundo, ¿verdad? —Eso le hunde un cuchillo en el corazón, y la situación se vuelve inhumana para su ser y su vida.
¡Es terrible!
Jeus tiene razón, pero ¿qué debe hacer ella?
Aun así dirá algo, y entonces todavía se oye:
—Ay, mi Jeus.
¿Es que ya no puedes entenderme en nada?

Y otra vez vuelve a escuchar cuánto vale para él, y sabe Crisje que para este amor ella no tiene palabras cuando Jeus todavía añade:
—Ni por miles de florines, mamá, se te puede comprar.
Y ¿qué tiene él para ti?
¿Treinta florines, como mucho?
¿Unos cuantos centavos?
Así, por un par de centavos, ¿quieres venderte?
Si se enterara papá.
Seguramente te pegaría en el culo, y lo puedo entender, mamá.
También para papá vales miles de florines, ¡que lo sepas!

Y cuando Crisje todavía no puede pronunciar palabra, Jeus todavía lo completa con:
—Papá se burlaría de ti en tu cara.
Y yo lo hago, mamá... ¿Me puedes creer?
Si Crisje no puede creerlo, entonces ahora no tiene más que mirar.
Jeus se burla de ella en sus narices, esa burla es de un adulto, también de un animal torturado, a Crisje le suena cínica, inhumana también, y ahora Jeus le está echando en cara su propia vida.
Jeus sigue con sus azotes, pero no oye los gemidos de ella, porque ¡aquí está en juego todo!
Ya no quiere tener nada que ver con esos lastimeros gemidos.
Las limosnas no sirven como asidero de su vida y su personalidad, ¡esas son cosas de cerdos!
Jeus lanza las palabras de ella a través de la cocina, no le sirve de nada la machaconería, y Crisje lo oye.
Corre por su cocina dando vueltas como si fuera un león atormentado, exactamente como solía hacerlo su padre, el Largo.
¡Lucha por su amor!
Y entonces todavía se le da a oír a Crisje:
—Déjame que te diga una cosa, mamá.
Tú no crees nada de lo que acabo de ver, pero entonces ¡te lo diré ahora!
Si se tratara de otro hombre, yo te daría razón.
Pero lo que vi ahora, mamá, lo que alcancé a ver yo mismo... —Lo imprime con énfasis en sus sentimientos, de modo que ella lo sienta y pueda saber bien y claramente. Cuando Jeus está frente a ella, Crisje oye:
—Te oí gritar aquí en la cocina, mamá, como un cerdo degollado.
¡Y por ese hombre!
Te saca los nervios de entre las costillas, mamá.
¡Te está destrozando!
—Crisje defiende al hombre que deberá venir, pero esos murmullos a Jeus no le dicen nada.
Ya vuelve a oír—:

¿Acaso no puedes esperar un poco a que yo sea mayor, mamá?
—Ya no podemos esperar un minuto más, Jeus, estamos... —Ya no puede seguir más.
Ahora todavía oye:
—Ya no te voy a hablar.
Te lo advertí, mamá.
Gritas como un descosido.
Crisje se acuesta para descansar.
¿Qué clase de día es este?
No piensa en lo que vivió muchos años seguidos por medio de Jeus, su “clarividencia” —porque eso era lo que él vivía en ese momento— no significa nada.
Ya no, nada suyo dice nada ya.
Hay solo una cosa, y tiene que ocurrir, ella se va a casar, tiene que casarse, con Hendrik Wageman.
Jeus también sube las escaleras a gatas, aunque su máquina tiemble está tranquilo.
Lentamente va perdiendo la conciencia, ha usado las fuerzas del día, y la vida interior releva la conciencia diurna; se queda dormido.
Por la mañana, lo primero en lo que piensa es ‘Ya no puedo hablarle a mamá.
Ya no soy el primero, sino el último.
¡Y la tía Trui ganó!’.
Huir, sin comida ni bebida, ya tampoco tiene sentido.
Pero se acabó; perdió su hogar, otro se encargará de sus preocupaciones en su lugar.
Y eso es cosa de ese hombre.
Sabe ahora que no se puede confiar en un ser humano, ¡y papá está muerto!
¡Mamá también!
Ahora a comer y beber algo rápidamente, y luego, fuera.
Vestirte al mismo tiempo y luego ¡fuera!
En diez minutos ya está corriendo por la calle, en dirección a Emmerik.
Otto, Hendrik, Jan y Marie Wageman han adquirido significado, él ha perdido todo.
Medio inconsciente se sube al tranvía Zutphen-Emmerik.
Entonces llega el momento, se ata el grasiento delantal, a trabajar y a pensar.
El patrón ya siente que algo le pasa, y pregunta:
—¿Te duele algo, Jeus?
¿Qué es lo que te pasa?
—Nada, patrón, señor maestro, nada, ¡nada en absoluto!
Le cae bien al hombre, siente que el chico tiene un drama interior.
Entonces arréglatelas tú mismo.
Piensa que ahora no quiere saber nada de jugar fútbol durante el descanso de la comida, y la mantequilla ya no le sabe bien.
Tiene que pensar, pero ¿en qué?
Cuando llega a casa no han pasado ni cinco minutos cuando Crisje ya empieza.
—No te lo tomes tan a pecho, Jeus.
Y solo piensas en ti mismo.
No pensaste en mí, ¿verdad?
¿No me preguntas lo que me pasa a mí?
¿Y si resulta que Nuestro Señor me da esto a cargar?
¿Qué dirías entonces de esto, Jeus? (—dice.)
¿No tienes que escuchar un momento ahora,
Jeus?
Sí, ya lo sabe, Crisje.
Escucha, allí va:
—¿Ahora encima quieres hacerme creer, mamá, que Nuestro Señor separa a la gente a martillazos?
Nuevamente, Crisje tiene algo que defender, y le da:

—Y papá, ¿qué?
—¿Papá, dices todavía?
¿Quieres defenderte metiendo a papá en esto, mamá?
¡Si se trata de otra cosa muy distinta!
‘Es cierto’, piensa Crisje, ‘tiene razón.
No debí haber dicho eso’.
Pero entonces, ¿cómo tiene que convencerlo?
A Hendrik Wageman no se le puede reprochar nada.
Es de buena familia.
Aun así, Crisje siente curiosidad por saber lo que Jeus ha visto, y bien le gustaría saber algo al respecto.
—¿Qué viste aquí anoche, Jeus, aquí en la cocina?
Ahora transmite viveza por todos los poros.

—¿Lo que vi aquí, mamá, y lo que oí?
¿Quieres saberlo?
Te saca el corazón de entre las costillas, mamá.
¡Te destroza!
Oí tus gritos aquí.
Ahora a Crisje se le da una predicción para años futuros.
Pero eso no puede ser, ¿no?
Hendrik es buena persona.
Crisje olvida que Jeus es un vidente milagroso.
Pero tampoco esas cosas imponentes de Jeus tienen significado ya.
Hendrik es un buen hombre.
Crisje pasa por encima de esos problemas.
Todavía no están aquí.
Pero entonces todavía oye:
—Recibe todo a cambio de nada, mamá, y eso sí que es espantoso.
¿No es cierto eso, Crisje?
¿A Hendrik se lo regalan todo?
Lo que ustedes tenían, cómo es posible, ¡lo recibe a cambio de nada!
¿Es mentira, Crisje?
¡Es una verdad sagrada!
Para lo que tú y tu Largo y Jeus bregaron durante años, ahora lo pones en manos de otro, que no hizo nada para ello.
¡Nada!
Y eso Jeus no lo puede entender.
Pero ¿quién lo entiende?
Y ahora ¿además Nuestro Señor los (os) separa a la fuerza?
¿Eso Jeus lo tiene que aceptar y creer?
Jeus te ama verdaderamente, Crisje.
¿Y eso por un par de centavos?
¿Puede Dios aprobarlo?
¿Segura que tus visiones eran puras, Crisje?
¿Estás segura de tu sentir y pensar, y no eres capaz de esperar otro poco?
Los dos tienen razón, y es que nosotros lo sabemos.
Pero ¿quién de los dos pelea ahora de manera inmaculada y pura para Nuestro Señor y “SUS” ángeles?
¡Ese es Jeus, Crisje!
¡Tiene en sus manos el derecho divino!
¡Tú no, por más que seas bella y buena, ni tampoco el Largo!
Crisje todavía le dice:
—Si es cierto que Nuestro Señor me da a cargar, Jeus, si resulta que eso es cierto, entonces ¿qué tendrás que decir?

Todavía se habla, pero pronto, cuando se haya dicho la última palabra de todas, ya no se oirá eso aquí.
Jeus le devuelve:
—Eso cuéntaselo a tu abuela, mamá.
Nuestro Señor no puede romper nada, eso es impensable, eso sí que es escandaloso, mamá.
¡Ahora ya puedes ir pidiendo una disculpa!
Crisje se asusta, ha dado en el blanco.
También tiembla, pero tiene que seguir:

—Pero, Jeus, ¿es que no puedes entenderme ni siquiera un poquito?

Claro que sí, Crisje, te entiende muy bien, escucha:
—Papá te dará una paliza, más vale que lo sepas, mamá.
¡Te has vuelto loca!

Y eso va ahora para ella, cuando sigue:
—Y papá me dijo, Jeus, que debo hacerlo.
—Y esa es una gran mentira, caray.
¿Encima quieres desacreditar a papá?

Ahora toda su máquina se rebela, Jeus espeta:
—¿Te has convertido además en una cuentista, mamá...?

Crisje ya está cediendo, no puede con él, le da palabras que le destazan el corazón, y además tiene razón.
Viéndolo humanamente, tiene razón, pero esto ya no es humano.
Estas palabras le atravesaron el alma, la sangre; está temblando aunque esté sentada, ya no hay piernas, y su corazón está en medio de la cocina.
Ahora quisieras pisotearlo tú misma, pero eso no se puede, una y otra vez sale de debajo de tus narices dando pequeños brincos.
O sea, ¡estás impotente!
Pero le queda otra cosa, y ahora viene:
—Jeus, ay Jeus.
El señor párroco también dijo que debía hacerlo.
¿Ahora qué me tienes que decir?
Aquí lo tienes, Crisje:

—Lo puedo entender, mamá, claro.
Pero ese solo entiende de sonsacar a la gente.
¡Otra cosa no sabe hacer! —Y no solo está en la cocina su corazón, sino también su alma entera.
Y cuando todavía sigue—: Que me cuente lo que quiera. —Esta es casi la última palabra, pero Crisje todavía no ha terminado.
Se sigue defendiendo:
—¡También lo dijo Nuestro Señor, Jeus!
Ahora Jeus siente que Crisje se vuelve infantil.

—Ya quisiste hacerme creer eso, mamá.
Pero te dije que puedes contárselo a tu abuela, ¡no a mí!

Hubo relámpagos en la cocina, y Crisje mejor se puso a rezar, cuando todavía siguió:
—Él también que se pudra.

Eso sí que es una vergüenza.
¡Esto ya no es un niño!
La fábrica es mala para los niños, porque ¡eso es!
De todos modos no se da por vencida aún.
Tiene que entenderla, y la va a entender, se trata de los niños, de su futuro.
Todavía intenta aclararle que Nuestro Señor quiere que cargue, pero Jeus no entra al trapo:
—¡Que me diga lo que quiera! —Y aunque ya no le sirva a Jeus, ay, Jeus, todavía él recibe:
—No pensé que pudieras ser tan diabólico... —Ya no alcanza a su vida, y esas palabras ya llegan tarde.
Todo es vergonzoso, pero Nuestro Señor no puede aprobarlo.
Eso lo aprendió de Crisje, y ahora ¿mamá ya no lo cree ella misma?
Eso no puede ser.
¡Son puros cuentos!
Mamá está loca, ¡se volvió infantil!
¿Quiere Nuestro Señor que ellos, “SUS” hijos, le tomen el pelo a “ÉL” y lo hagan entre ellos mismos?
¡No puede ser!
Es mucho más sencillo, ¡mamá está loca!
Ya no sabe lo que hace.
¡Así están las cosas!
Y otra vez están Johan y Bernard en la cocina, y tienen que callarse la boca.
¿Se ha dicho la última palabra ya, Jeus?
Las semanas ya no pasan volando, las horas duran eternidades, sobre todo si no hay nada que decirse.
Jeus ya no le habla a Crisje.
No... puede.
Aunque quisiera, la garganta se le cierra y entonces se pone a tartamudear.
Ya no mira a Crisje, y todos lo ven y lo oyen.
Claro, pues es que ya no tienes nada que ver con ella.
Pero a veces todos están que se los lleva el diablo, y eso que cada uno lo resuelva como pueda.
Cierto o no, la vida da a cargar a cada uno.
Una noche, Teun y Miets se acercan a él corriendo y preguntan:
—Jeus, ¿estarás en casa mañana? La tía Trui se casa.
—No, tengo que trabajar.
La tía Trui va entrando y saliendo.
Mañana es su día temido.
—Cris, ¿quieres ayudarme mañana?
—Me encargaré, Trui, claro.
Trui mira alrededor suyo, pero Jeus no está.
Aun así, le pregunta a Crisje:
—¿Vendrá a felicitarme mañana, Cris?

A Crisje le da risa.
Pero ¿qué está diciendo Trui?
¿Quién tiene que felicitarla?
¿Jeus?
¿No la comprende?
¿No entendió a Trui?
—Quiero decir, Cris —repite Trui— que si Jeus vendrá a felicitarme.
Ahora Crisje ríe en voz alta.
Trui vuelve a preguntar:
—¿Acaso eso te causa risa, Cris?
Crisje piensa, ‘ay, esa Trui’.
Y es que esa Trui tonta, ¿así de bien conoce a su Jeus?
Claro, Johan y Bernard le desearán suerte.
Los demás también, pero ¿Jeus?
No, no lo hará y no es capaz de hacerlo.
Trui se va.
Ni diez minutos han pasado cuando ya está de vuelta.
¿Tendrás un poco de eso para mí, Cris?
Hent Klink me dará el resto.
¿No está Jeus?
No, no está, Trui.
¿Qué quieres?
—Pero ¡qué nerviosa estás, Trui! —dice Crisje.
—Es que no es cualquier cosa —suelta Trui.
Lo ves, Crisje, así es Trui.
Tú estas preparada, ¡ella no!
Tú has reflexionado sobre todas las cosas, ¡ella no!
Ahora Trui haría lo que fuera para recibir esa cordialidad de Jeus.
No solo que ella le haya robado su amor, porque ella fue quien empezó, ahora además la bendición de Jeus, porque ella siente que tiene algo que enmendar frente a ustedes.
¿Acaso tú lo ves de otra manera, Crisje?
No, Trui, esa no la recibirás nunca.
Crisje piensa, ‘Yo ni siquiera logro que hable’.
Y ¿qué quieres empezar tú ahora?
Pero ¿siente Trui algo particular?
¿Alguna vez entendió Trui algo de Crisje y Jeus?
¿Siente ahora lo que está separando con violencia?
Aunque Crisje la siga más adelante —sucederá—, Trui, tú jugaste un papel vil.
Cuando más adelante se escriba la historia de tu vida, por más que entonces esté patas arriba, Trui, Nuestro Señor sabe de tu sentir y de tu pensar.
Y estas dos almas, Jeus y Crisje, vivieron el Gólgota juntas.
¡Y eso se destruirá ahora, Trui!
Por lo menos, es lo que parece ahora.
Jeus te está dejando que te desangres, si es posible, también a su Crisje, y nadie le quita razón.
Vive la verdad sagrada.
Crisje no logra entenderlo.
Te haría sentir lástima, así de pobre es eso.
Diez veces seguidas ya estuvo Trui donde Crisje.
Pero lo que ella quiere ver no está.
Y por ahora no lo verá tampoco.
Se fue corriendo al bosque.
Trui está nerviosa, pero por el tío Gradus.
No quiso pensar, por lo menos no en aquello que Crisje y el Largo abrieron para sus vidas.
Trui no pensaba en Gradus, para su vida estaba muerto.
El amor de Trui no rebasaba el ataúd de Gradus.
Pero ahora, no obstante, Trui vuelve a ver todos esos pequeños encantos.
La persiguen.
Y sin saberlo, vuelve a estar frente a Crisje.
Antes arreaba a los niños de Crisje fuera de su casa, con un pedacito de morcilla.
Ahora Trui está pidiendo una limosna, porque va a vivir el respeto de Jeus.
¿No es así, Trui?
‘No, Trui’, piensa Crisje, ‘no entiendes de maternidad y de amor infantil.
Y esos sentimientos ya no los vivirás tampoco’.
Pero justo anoche, Trui también vivió su sueño.
Soñó que tenía que pasar por encima de una montaña, era una montaña muy alta.
Trui reflexionó al respecto de otra manera que como pudieron hacerlo Crisje y el Largo.
¡La rodeó!
Y luego, Trui echó su vida con Gradus al suelo, y ¡pensó que así estaba bien!
No iba a enterrar esa vida.
Las puertas de su alma estaban abiertas de par en par, Otto pudo entrar caminando directamente.
Y cuando despertó, también a ella se le dieron a ver esas pruebas.
Estaba en la cocina con Otto, que le estaba sirviendo un aguardiente con azúcar.
Trui no vio un eclipse solar, no lo hubo.
Su sol todavía tiene que empezar a irradiar luz.
Entendió que ahora no hacía falta más, pero no le dio sosiego.
O sea, no hay orquídeas, Crisje.
Ni tampoco un juego de ángeles, ¡ni un Señor Nuestro!
De verdad que todo fue vivido y pensado materialmente.
Pero ¿qué dice eso?
El resto de esta buena tierra no es diferente, ¡es exactamente igual!
Pero ¿no te lo dije, Crisje querida? Este amor no vale un centavo.
Millones de mujeres sueñan con la felicidad, también con el asidero humano, y apuestan todo lo de su propia vida y de la máquina humana para alcanzarla.
No digo que Otto no sea un buen tipo —Dios me libre—, pero Trui todavía no quiere escalar tu montaña.
Y ahora queda tremendamente engañado para el alma y el espíritu, lo que tiene valor universal, precisamente eso.
Lo que hay es el autosatisfecho engaño, y ¡nada más!
Si sientes, Crisje, hacia donde lleva todo esto, entonces también verás el Getsemaní a tus pies.
También estarás, como pudo hacerlo lo más elevado de todo, ante un Pilato, y empezará el lavado de manos en inocencia, porque ¡sucumbirán la vida interior y la personalidad!
Ahora puedes comprarlo en el mercado, Crisje.
Es un verdadero desastre, tiene piojos humanos, y ese cachivache viene de allá arriba del ático, de algún baúl, y es algo que ningún ser humano recto querrá.
Hay un mundo para el alma y para el espíritu, Crisje.
Aunque la gente todavía no quiera creerlo, ¡ese mundo existe!
Y ahora vemos dos diferentes expresiones de sentimientos a las que la gente llama amor y que ahora se están viviendo para estos mundos.
Para el mundo del alma y del espíritu hay que luchar.
Los demás ¡se pueden comprar!
Y a esos Jeus los quiere aplastar.
Así como así, aquel saca todo de tu vida, llega de visita y exige, porque la otra vida está con problemas.
Y esa ¡eres tú misma, Crisje!
¿De verdad es tan improbable que todos los ángeles le sean benévolos a Jeus?
¿Y que Trui se estrelle?
¿No es cierto, Crisje, que el espacio entero se burla de ella?
Ahora no procede el “en toda su cara”, porque Trui no posee esos ojos.
Pero aún así, a pesar de todo, siente algo de todo esto, y eso es ahora su nerviosismo.
¿No te dije hace algún tiempo, Crisje, que el ser humano no puede abarcar su futuro?
Y aún así, la vida te obliga a hacerlo.
Es precisamente esta vida desconocida, ¡te exige inclinar la cabeza ante el amor verdadero!
Ya te dije, ¿verdad, Crisje?, que por un poco de comida y bebida, una madre se vende, y ahora se viene abajo un templo parecido, lo más poderoso que hay y que ha creado Nuestro Señor.
Ahora mejor pon los centavos en la escalera, y todo estará más que bien.
De todos modos no tendrás el resto, lo grande y lo bueno, eso es de otro o precisamente no está y debe estar dentro de tu propio alcance y pertenece a esta sociedad podrida, Crisje.
¿Trui no se vendió, no lo hizo por dinero?
Por un poco de comida y bebida y porque ella misma no tiene ganas de trabajar por ello.
Ay, Crisje, ¿no sientes que todo esto significa poco?
Pero ¡el espacio te da las gracias, Crisje!
Te da las gracias porque le hiciste saber que ciertamente hay más que vivir en la tierra.
Hay otra cosa más.
Y es por lo que luchó Jeus, es por lo que tu Largo atravesó la tierra y tú recorriste el viacrucis, lo que le inspira respeto a Nuestro Señor, ¡porque estas son las fuerzas para las cuales, y por medio de cuales, Él emprendió su viaje a la tierra!
Todos esos otros engorros lo clavaron entonces en la cruz, Crisje, y eso fue lo que Trui no quiso cargar, ni toda esa gente, y por eso se hipotecaron a sí mismos; mejor y más claramente: se regalaron a sí mismos.
Esos hijos, Crisje, desconocen todavía lo que significa luchar por la felicidad y el amor humanos.
No saben lo que es.
Y ahora Jeus está teniendo razón en todo.
Entonces también se oyó “te casarás con Hendrik Wageman y debes hacerlo” porque más adelante te servirá.
Pero para Jeus será ahora una porción de tabaco en su alma.
Antoon van Bree no sabría hacer esto, y cuando Jan Lemmekus se entera, él también se da la vuelta, entonces él también sabe todo al respecto.
Pero ahora escucha, Crisje.
Aquello de ti y del Largo es una ley cósmica.
¿Lo de Trui, otra cosa?
Si más adelante entiendes un poco mejor estas dos almas, tu vida opinará otra cosa de esto.
Pero —y ahora pon atención, Crisje— no tires lodo a una novia, porque tú misma lo eres... y quiere decir: mira en tu raquítico pasado y mejor cállate la boca.
Y si acaso todavía no lo sabes, esta ruptura entre tú y Jeus es exactamente lo mismo.
Tú también te habrías burlado de todos si te hubieran dicho lo que está pasando ahora.
¿Cierto o no? Y significa: ¡el ser humano no se conoce a sí mismo!
Aunque pienses que puedes llevar a cabo todo, la vida puede pegarte de una manera que no te has imaginado ni en sueños.
Y ahora no escalarás una montaña en línea recta, sino que subirás boca abajo y al revés, es decir, zigzagueando, gateando, jadeando, pero ¿harías lo que fuera por ese pedazo de trabajo para tu propia vida?
Si tienes que comer y beber, el amor no te importa ni un centavo.
Si esa concienciación vive y está presente en ti, porque sabes que de cualquier manera no puedes buscarla en la tierra.
Si Jeus pudiera entenderlo, ya habríamos llegado.
Pero para eso falta un poco, Crisje, aunque Jeus tiene que aceptarlo, de lo contrario sucumbirá.
Si no se enfrentara a tu pasado habría vencido, sin duda, pero ahora lucha contra leyes de karma, contra el barón Von Steinhoven... tu Hendrik Wageman, al que entonces ustedes le dieron (vosotros le disteis) una paliza, pero ahora llega para permitir que se ajusten esas cuentas, de las que ahora tú sabes todo, el Largo también, pero Jeus no.
Tampoco Trui conoce estos asuntos, ni es cosa suya.
Ella luchó por su existencia.
Ustedes (Vosotros) por el alma, el amor y el espíritu, por la inmaculada y eterna... unión de dos personas, ¡como hombre y madre!
Entre estos dos, un hijo, porque esta vida es la procreación, Crisje, de lo contrario estaríamos detenidos, pero ¡la vida debe seguir!
Esta alma, Crisje, que ahora viene hacia ti, tiene el derecho de hacerlo.
Ahora puedes saberlo.
Ahora sigue a Trui y lo sentirás, porque tú ves ante ti su poderosa diferencia y ¡esto es todo!
Salta a la vista, Crisje, de cualquier manera no puedes permitirte tomarle el pelo a Dios ni a Sus espacios, tarde o temprano estará ante ti y podrás inclinar la cabeza.
Si no hubieras recorrido el viacrucis, si no fueras tan creyente y amorosa, el Largo jamás habría podido alcanzarte tampoco.
Es por eso que el tío Gradus no espolea a Trui.
Pero es lo bueno en ella, Crisje, lo que siente: ¿qué habré hecho?
Es el núcleo bueno de tu hermana, y puedes estar contenta con eso.
Tía Trui, Jeus está en el bosque.
Se aporrea el cuerpo.
Se tiene que destruir su hermosa máquina.
Y piensa en quitarse la vida, Crisje.
Ahora para él ya nada tiene significado, nada.
Está más que harto.
Jeus quiere meterte en un lío.
Te hará vivir un pequeño casamiento que te divertirá.
Cuando mañana bebas tu aguardiente, percibirás un olor cadavérico, Trui, la miseria de la vida de él.
Dice que sangrarás y que te derrumbarás de miedo ante el altar, porque un cadáver en tu propia familia en un día como ese trae mala suerte y es peor que estatuillas sin consagrar.
Vivirás tu día retorciéndote, son puros problemas, eso es lo que piensa Jeus al respecto.
Por qué no te pegas, Jeus, anda, destruye esa bella máquina, pero la gente no lo vale.
No obstante, ha perdido lo más querido en este mundo y no sería tan malo si tuvieras que meterlo en un ataúd, pero lo ha engañado.
¡Y eso es grave!
Jeus mira a un árbol.
Es mejor ahogarse, si te chapuzas en el agua se mantiene libre la garganta y tampoco sentirás tanto el pescuezo.
¿Ahogarse es peor que ahorcarse?
Ahorcarse sí que es algo repulsivo.
No, ¡es mejor ahogarse!
Estar colgado así es tan estremecedor, te vas balanceando de aquí para allá; ¡ya quisieran eso!
Siente que el silencioso bosque ríe.
Los pájaros están dormidos, un bello viento hace susurrar los árboles y Jeus también siente que todas esas cosas saben lo que ahora quiere hacer.
Siente que si tan solo estuviera Fanny ahora, no ocurriría.
Pero Fanny ya no está, y Jeus sabe con certeza; ahora no quiere tener que ver con él.
Y Casje, que le den los “drudels”.
La tía Trui tiene que vivir un día desagradable, es lo único que quiere.
Ahora papá tiene que ver que otro se sienta en su mesa, es espantoso.
Su tío Gradus era un buen hombre, pero a él también se le olvidó y lo echaron a la calle, así de pobre es su familia.
De pronto vuelve a oír cómo se habla dentro de él, y ya sabe quién es.
Pero ese también que le diga lo que quiera.
Espeta:
—¡Largo de aquí, de todos modos no sabes nada de mis cosas, desgraciado!
Casje ríe un poco, ríe en voz alta, ahora Jeus tiene que oírlo.
Este ya está preguntando:
—¿Además esto te da risa, pedazo de desgracia?
—le contesta Casje, o ¿acaso es alguien más?—:
Puedes insultarme todo lo que quieras, de cualquier manera no estoy enojado contigo, que lo sepas.
Pero si quieres ahorcarte, Jeus, o ahogarte, eso es para volverse loco.
Jeus tiene que admitir que ese maldito tipo sabe todo, y todavía pregunta:
—¿Sabes lo que quiero hacer, Casje?
¿Lo que traigo en la cabeza?
—Claro que lo sé, de lo contrario no habría podido hablar de ello.
—¿Se puede entender entonces, Casje?
—Ahora qué quieres que te diga de esto, Jeus.
Tienes razón, pero tu madre también.
Y entonces no es para que uno sin más se vaya a matar a sí mismo.
—¿Tú qué sabes entonces de la tía Trui, Casje?
—Tu tía Trui es otra persona.
Y ella no tiene nada que ver con esto.
Esto es algo entre tu madre y tú.
—Ah, ¿eso pensabas?
Pero ¿querrías creer entonces que Nuestro Señor es un parlanchín, Casje?
Casje reflexiona, para Jeus toma un poco demasiado tiempo, y luego otra vez sigue:
—Allí estás ahora con la boca abierta, ¿verdad?
No puedes decir nada a esto.
¿Tú qué sabes de Nuestro Señor?
¡Nada!
Nada, muchachito.
Lo tuyo es un puro cuento de mierda.
—Lo sé todo, Jeus... —dice Casje—, mejor que lo sepas.
—Bueno, entonces por qué no me cuentas lo que piensas.
—Que Nuestro Señor no tiene nada que ver con esto.
¡Y eso es todo!
—Ahora ¿qué quieres decirme?
¿Que Nuestro Señor no tiene nada que ver con esto?
Y ¿pensabas que yo lo creía?
Y ahora aquel otro tendrá todo a cambio de nada.
¿Eso quisiera Nuestro Señor, Casje?
Vamos, ¡di algo!
—Has de pensar que ahora sé lo que tengo que decir.
Pero te digo, y te lo dije en la carretera a Emmerik, con estos asuntos no quiero tener nada que ver.
Yo mismo me voy a meter en problemas y no pienso hacer eso.
Y ¿tú crees que Nuestro Señor quiere tener que ver con estas porquerías si esto ni siquiera a mí me importa nada?
Ahora Jeus puede reflexionar.
Pero, una vez más, Casje vuelve a tener razón.
Pero entonces ¿qué?
Casje le da:
—No metas a Nuestro Señor, Jeus.
Y si quieres matarte, pues también es cosa tuya.
Yo no lo haría.
—¿Por qué no?
—Es bastante lógico.
¡Todavía tengo mi propia vida!
Hay tantas personas en el mundo con las que tengo que ver.
¿Pensabas que iba a ahorcarme por una sola persona?
¿Para qué?
No puedes casarte con tu propia madre, ¿no?
Porque eso es.
Eso es lo que te pone mal, ¡y nada más!
Te digo, ¡son las preocupaciones!
¿Tiene que dejar tu madre que los niños mueran de hambre?
Tiene preocupaciones de dinero, Jeus.
—Hablas como si fueras mi propio padre.
—Es lo que parece, claro, pero tu propio padre no puede hablar de otra manera que yo.
Diría exactamente lo mismo.
Vuelve a reflexionar y piensa sentir que papá está allí.
Pero está hablando Casje.
Aunque Casje y el Largo saben que va en serio.
Hay un verdadero peligro.
Saben que Jeus no solo escalará su montaña, sino que más adelante se lanzará hacia abajo, sacrificándose.
Pero en su mundo, el Largo oyó decir, “Mira, Largo, allí hay trabajo para ti.
Tu propia sangre quiere poner fin a su vida.
Rápido, corre al encuentro de esa vida, Largo, Jeus necesita tu protección, ahora sabes cómo puedes alcanzarlo”.
Una hora más tarde, Jeus está ante la reja de “Sint de Tien”, el hombre que algún día se ahorcó, y del que en el pueblo se sabe todo.
Claro que quiere saber algo de esa vida, y pregunta:
—Quiero estar contigo.
Pero ¿puedes decirme qué es lo mejor para mí?
Y debes saber que en toda mi vida todavía no he tenido nada.
Jeus escucha, y ya está funcionando la inyección del Largo.
—¿También te quitaste de en medio por las preocupaciones?
Y ¿duele mucho?
¿Por qué te ahorcaste?
¿Tuviste problemas con tu mujer?
¿Es que te engañó?
Lo puedo entender.
Sentiste entonces una punzada en el corazón, exactamente como yo ahora, ¿es cierto?
¿Puede causar mucho dolor y es peor ahorcarse que esto por dentro?
¿Duele, ahorcarse?
Cuando te asfixias, ¿duele?
¿Duele una cuerda en el pescuezo?
¿Es peor que ahogarse?
Jeus escucha, pero no recibe respuesta.
Ahora no puede reflexionar sobre todo lo que ha vivido con su Fanny y José, no significa nada para su vida.
Ya no queda ni pizca de eso, el dolor en su vida domina todo.
¿Está vacía esa casita?
¿Ya no hay nadie allí?
Ojalá fuera judío, entonces podrían enterrarlo de una vez aquí, el cementerio judío está justo detrás.
Pero no quiere convertirse en judío.
¿Un cerdo?
No, lo sacrificarán y entonces para colmo la tía Trui podrá comerlo.
No, y un perro tampoco le parece, las demás personas te dan más golpes que comida, o estás encadenado día y noche.
¿Una paloma, tal vez?
No, tanto aparearse le parece vomitivo.
Esto también termina por hartarte.
¿Dónde se metió Casje?
E inmediatamente llega a su vida la palabra de Casje:
—Sí, Jeus, preferí dejarte que te dieras una vuelta.
Estabas reflexionando tú solo.
No, aquí ya no hay nada.
Ahora ese hombre se largó.
Ya estuvo aquí suficiente tiempo.
Nuestro Señor le dijo, “ahora ya puedes salirte”.
—Cuentos, Casje.
Está en las llamas eternas.
—Eso ni tú lo crees.
Alguna vez te he oído hablar de otra manera.
Te digo, estuvo aquí, y gritando, tanto dolor sufrió por haberse ahorcado, ¡más te vale saberlo!
—Lo olvidé, Casje.
Tenía demasiadas preocupaciones en la cabezota.
Pero sí que te entiendo.
—Tenías demasiadas preocupaciones, es cierto, pero así es.
Si lo haces, ya puedes meterte en la tierra contigo mismo.
Y esa vez en su sano juicio, pues no puedes morir, ¿verdad?
Y entonces estarás sintiendo ese lazo en el cuello, día y noche, porque para Nuestro Señor no debiste haberlo hecho, Él no dio la vida para que se destruyera.
Para eso ya tiene sus propios métodos, ¡créelo!
—Lo entiendo, pero no dejo que me tomen el pelo.
—Entonces ya lo decides tú mismo, no es asunto mío.
Nuevamente, piensa y quiere volver a los asuntos imponentes de su juventud.
Pero hay algo que le impide ese volver.
Tranquilamente repasa su estado en pensamientos.
Aun así, desciende más profundamente en su juventud y durante un momento, ese sentimiento pierde toda fuerza; ahora el suicidio tiene que ceder su lugar a otros sentimientos.
Ahora oye:
—Yo que tú, Jeus, iría a hacer algo muy distinto.
Cuando estés muerto aquí, ya tampoco tendrás nada que decir aquí.
Aquí se pueden comprar más cosas, ¿no?
—Claro, lo sé.
¿Estás molesto conmigo, Casje?
—No, no me molesto con nadie, todos no son más que niños.
—Me arrepiento, Casje, de haberte insultado así.
—Me lo imagino, a todos nos pasa algo alguna vez.
Seguimos siendo unos infelices, Jeus, unas criaturas, parecemos unos pobres perros.
—Tienes razón, Casje.
Soy un gorrón.
No, no es verdad.
—Será muy cierto todo eso, Jeus, pero yo que tú me iba a jugar fútbol.
—Es cierto, Casje. ¿Ya me has visto? ¿Ya me has visto correr con el balón?
—Sí, claro, entonces pensé, ‘incluso podría lograr algo’.
—Sí, eso me gusta, Casje.
Y también sé hacerlo, aunque lo diga yo.
—Lo sé, pero ahora tengo que largarme.
Ya tengo que irme rápido.
Tengo mucho qué hacer.
Ya me demoré suficientemente aquí.
Pero que te vaya bien, Jeus.
¡Chao!
—Adiós, Casje, chao.
—Saluda a tu madre de mi parte.
—No me da la gana, Casje.
—Tú sabrás.
Ya me voy.
Y Casje desaparece, y el Largo con él.
Jeus no lo sabe, pero este fue un trabajo bien hecho del Largo.
Este violín, Largo, tenía un bello sonido.
Tocando abriste un hueco en su pensamiento, también le diste la vuelta completa a la vida de sus sentimientos, y entonces las cosas empezaron a funcionar mejor.
Felicidades de parte de Nuestro Señor, Largo.
Y ahora, ¡a seguir!
Esta es una pequeña orquídea para Jeus, ¡ahora falta Crisje!
Jeus vuelve a bajar la Grintweg tambaleándose y se sube al Zutphen-Emmerik. Aunque se sienta más atontado que ayer, piensa más agudamente que unos meses atrás.
Se va a casar la tía Trui, pueden desearle buena suerte, por él que le den los “drudels”.
Claro que están invitados; él no quiere tener nada que ver con ella.
Johan le lleva su pan y otra notita de Crisje:
“Jeus, ¿quieres esta noche felicitar a la tía Trui?”.
Jeus ríe, le da risa la infantilidad de Crisje.
Pero también este día pasa.
Cuando llega a la Grintweg, ve a la tía Trui.
Le suplica que entre, pero a él no le da la gana.
El tío Otto está en la ventana y le hace una mueca, eso sí que lo siente Jeus.
Crisje le sirve de comer y dice:
—Toma, Jeus, un rico caldo de gallina, lo hizo la tía Trui.
Te hará bien.
Mejor no lo hubieras dicho, Crisje.
Ahora echaste todo a perder; Jeus se muere de hambre, pero no quiere sopa de tu hermana.
—No quiero sopa de esa vieja cochina.
Despierta en plena noche.
Pero también otra vez en mitad del bosque, el frío lo fuerza a volver a casa.
Parece incluso estar congelado.
Aun así sus piernas se acostumbran rápidamente, la sangre corre con más velocidad, detrás de la casa a quitarse los zapatos primero, y luego a dormir.
Lo que dijo Casje es fácil, aunque a la vez no tan sencillo.
Pero Casje tiene razón, ¿por qué tiene que colgarse de semejante viga?
Ya quisieran, la risa que le daría a la tía Trui.
No puede llorar, pero cuántas lágrimas tendrá un ser humano entre las costillas.
Y ¿cuánto tiempo hay que llorar antes de quedarte sin lágrimas?
Eso sí que ya le gustaría saberlo.
Vale la pena, porque entonces puedes parar de antemano; de lo contrario claro que mueres de pronto.
Siente que llorar es peligroso, te puede causar de todo.
Conoce a gente, y es cierto, que estaban en los huesos, solo por su tristeza y ese maldito llanto.
¿Puede un ser humano llorar hasta quedar vacío?
Y entonces, ¿qué pasa?
Oyes que se dice: esa mujer se mata llorando, ese hombre se mata llorando, pero nada pasa.
Cuando enterramos a papá, por poco mamá se mató llorando, pero no ocurrió.
Y ahora, Jeus puede entenderlo, pues ¡solo era un cuento!
Mamá lloraba, pero no eran lágrimas de verdad, ¡era un engaño!
De lo contrario, ¡ese hombre no estaría aquí!
¡Tener ojeras todavía no significa nada ni mucho menos!
¡Hay que destruir esos ojos!
Puedes llorar hasta destrozarte la barriga y el corazón, y entonces también irás al hospital.
Pero toda esa gente no lloraba.
Es puro cuento, son unos hipócritas, ese llanto no significa nada.
No puede dormir, pero esto es otra vez algo muy distinto para su vida.
Entonces más adelante sabrás de lo que habla la gente.
¿Lloró Nuestro Señor también hasta quedar vacío y hasta reventar?
No, Nuestro Señor no les dio motivo de queja a sus verdugos.
Pero eso Jeus lo entiende.
Lloró por dentro.
O sea, ¿que mamá también lloró por dentro?
No, ya lo habría querido mamá, pero no pudo.
Ahora mamá todavía está viva.
¿Qué dice Nuestro Señor de las lágrimas?
Cuando te duele por dentro, puedes llorar, continúa.
Y así es, Crisje, también Nuestro Señor hace que la gente llore hasta quedar vacía.
Solo después “ÉL” llega a asomarse un momento para ver si todavía hay lágrimas.
Y si todavía tienes lágrimas por dentro, primero tienes que deshacerte de ellas, y solo entonces recibirás una respuesta.
Puedes llorar hasta quedar vacío por miles de cosas.
Hay cientos de miles de cosas que hacen pasar dolor a la gente y por las que puede llorar.
Pero ¿qué es llorar?
Cuando se te toca por dentro, puedes llorar.
Cuando otra persona te ofende, también.
Cuando se te tortura por dentro, todavía más intensamente, y si estás con las narices encima y ves que un hombre tira la rica comida de los niños de la mesa al suelo, porque a ese mismo hombre le hace gracia, piensas que vas a tener que llorar.
Y si ocurre en repetidas ocasiones, también lloras hasta quedar vacío, y empiezan nuevos malestares.
Y ¿qué dirías al enterarte de que los niños tienen que llamar papá a un hombre así?
Si esos mismos niños no poseen la fuerza para matar a esa vida, entonces habrá problemas y dolor, maldito dolor, que te puede hacer vivir convulsiones nerviosas.
¡Gritas tanto que pueden oírte abajo en la Grintweg, y eres capaz de llorar hasta quedar vacío!
Pero santo cielo, qué clase de pensamientos son estos, Crisje.
Pero, Crisje, todo artista que se quiera llamar artista llora hasta quedar completamente vacío por medio de su arte.
Ahora tiene que apostar todo de su alma completa por ese arte.
Y si debes poder hacerlo para todas las artes —de lo contrario no logras nada—, tocar el violín seguirá siendo lo mismo que arañarlo.
Entonces, ¿cuántas lágrimas no deberás llorar por la verdadera vida?
Conviertes en lágrimas una bofetada en medio de tu cara, Crisje.
Y si no quieres ni puedes hacerlo, entonces la máquina humana empezará a quejarse, a lamentarse también, y tal vez te dolerá el estómago, tanto que pensarás tener una úlcera.
Entonces a comer arroz sin nada, tal vez ayude, y si no es así, no te quedará otra que aceptar esos dolores por los fastidios.
Ahora ¡podrás mostrar lo que quieres, de lo que eres capaz y quién eres!
El dolor humano, Crisje, se disuelve por las lágrimas, pero a costa de la máquina.
Y cuando dure demasiado tiempo te darán —como ya dije— convulsiones nerviosas.
Chillas y gritas como si estuvieras loco.
Pero ahora estás allí tú mismo.
Si puedes llorar ahora, se irá sumergiendo, pero la mayoría de las veces, ¡esas lágrimas extrañas se niegan a correr!
¡Lo que faltaba!
A Crisje nada le molesta, ella tiene buen aspecto y además es guapa.
Debido a que su vida interior es así de bella, su rostro irradia esa imponente fuerza.
Es un amor resplandeciente el que recibes de Crisje, que para Jeus lo es todo y que ahora otro recibe, ¡sin más y sin nada a cambio!
Arriba está pensando una persona y abajo otra, y ninguna de las dos llora.
Es raro, vuelve a ser extraño cada vez: en ocasiones, las personas piensan en las mismas cosas y pareciera como si se obligaran unas a otras a pensar así.
Pero no saben lo que es.
Y aquí al lado la vida ronca, no sabe nada de llorar.
Está más feliz que nada.
Pero ¿qué es eso?
Allí hay dos que se llenaron las panzas de caldo de gallina, los licores de hierbas todavía hacen un poco de efecto, ¡y la vida es magnífica!
Aquí, abajo y arriba, se cavila, no hay cuestión de llorar, pero estas pequeñas máquinas humanas ya están crujiendo.
Después de conciliar el sueño, por fin, Jeus habla dormido con... ¡Sint de Tien!
Crisje también logró adormilarse, pero ella está frente a su Hendrik el Largo.
Dan un último paseo por el atrio de Nuestro Señor.
Medio consciente —bueno, Crisje en cualquier caso—, soñando así, vive esta delicia, si no solo la haría llorar, y eso no debe ocurrir ahora.
Mientras dormía, Jeus ya se ahorcó diez veces y ahora sabe con seguridad lo que es mejor y no duele tanto.
¡Eso de colgarse de una viga es malo!
El agua es mejor.
Parece que estás soñando y no sientes dolor, y no puedes seguir andando con toda esa agua del canal, cae sola.
Pero si resulta que sí debe ocurrir, entonces opta por el agua.
Dejarse caer desde un árbol tampoco sirve de mucho, lo acaba de sentir hace un rato.
Ahora no estás tan seguro de tu final y entonces estarás en el hospital, como le sucedió ahora a él.
Y los hospitales no le gustan para nada, sabe todo al respecto, todavía no ha superado el accidente de Bernard.
Todavía lo sigue devorando tan virulentamente como justo cuando le sucedió a Bernard.
Entre sueños sigue su vida, sus pensamientos, y corrige todo.
Y eso pasa solo.
Pero vez tras vez despierta de un sobresalto.
Ese sobresalto ocurre cuando casi llega el momento.
Y entonces debe aceptar que está contento.
Afortunadamente, todavía no ha llegado el momento.
Sí, hace un momento estaba contento de seguir vivo y luego llegó a la vez el momento de salir de la cama.
Diez minutos más tarde está fuera y de camino, en línea recta a Emmerik, pero ¡qué tiempos tan terribles!
No, ¡no se va a matar!
Ya quisieran.
Y, Largo, felicidades, ¡tú mataste por completo esos sentimientos!
La mayoría de las veces, los sentimientos posteriores son lo peor.
Entonces el alma todavía puede ceder, pero cuando pasas esa misma alma por un olor cadavérico, poniendo la nariz justo debajo, Largo, es suficiente para hartar a la vida, y la personalidad sucumbe.
Es exactamente como cuando te arrastrabas a través de esas tumbas.
Para Jeus no había diferencia.
Ahora ya también sabe lo que significa el suicidio para el alma, para la vida y para él mismo, ¡le da ganas de vomitar!
Pero, gracias.
¡Casje te enseña un montón!
Pero Crisje no recibe ni una sola palabra de su vida, Largo, y eso es triste.
¿Eso tampoco se puede resolver?
¡Inténtalo, Largo!
Hay algo más, ¿no ves sus pensamientos?
Algo lo pone a temblar y hace que se estremezca.
Intenta convencerlo de que esto ya no es posible.
¿Quieres?
Deja que Casje te ayude.
Los chicos en el campo de fútbol tienen que admitir que el tiro de Jeus va siendo más potente.
Ellos podrían saberlo, porque ahora el balón es ese hombre que cuatro veces por semana está en la cocina y con el que Jeus no quiere tener que ver.
Por más que Crisje lo chinche día tras día para que le vuelva a hablar, él no lo hace.
¡No puede hacerlo!
Y eso es todo.
Por eso corre, patea y puede ahora darlo todo por el fútbol, y ¡es un as!
Pero el arenque en escabeche y las zanahorias crudas saben rico.
Que Crisje no piense que no come suficiente, ¡come bastante!
Ahora que mamá se encargue de que le alcance, él ya no hace falta allí.
Y aun así, ahora que piensa en todo, lo que vio allí tan de repente, lo pone a temblar y hace que se estremezca.
Vio que ese hombre llegó a casa completamente borracho.
Y vio que ese hombre no soporta un trago.
También vio que toda la rica comida volaba por la cocina.
Esto no habría podido hacerlo su propio padre, es maldecir a Dios y a Nuestro Señor.
Esto no es una oración por la comida sino invitar al diablo, y eso lo pone a temblar y estremecerse, pero mamá no lo quiere creer.
Jeus no logra sacárselo.
Incluso en el campo de fútbol lo persiguen esas visiones, ¡con todos esos problemas!
Oyó gritar a Crisje, tanto que te rompe el corazón.
Nunca ha oído algo parecido, así de grave es.
Y eso ¡por ese hombre!
Pero ¿qué puede cambiar, si mamá no quiere escuchar?
Mamá dio un golpazo contra el suelo, inconsciente, y luego empezó a gritar.
Vino el médico.
Y aun así, mamá no le cree.
Todos los días, camino de Emmerik, en el tranvía o a pie, él oye los gritos.
Y eso sigue sin lograr alejarse de él.
Y ahora, de pronto siente algo diferente.
Imagina un momento, no, no puede ser, ¿verdad?
Pero ¿por qué no podría ser?
Sabe todo al respecto.
Allí, en el barrio “Detrás del Kom”, hubo niños que tuvieron otro padre.
Y cuando llegaron otros niños más, esos diferentes hijos se pelearon, pero esa pelea fue porque la madre favorecía a sus propios hijos, lo que ese hombre no quería, pero entonces hubo navajazos y muertos.
No quiere ni pensarlo.
¡Tan solo imagina que en su casa también vayan a llegar niños extraños!
Tal vez asesinaría a esos niños, pero obviamente ese hombre no lo va a aceptar, ¿verdad?
Dios mío, pero ¿qué miseria es esta?
¿Queda algo más que imaginar?
No, ¡esto ya es muy grave!
Mira el espacio, Nuestro Señor encima de él, Él debe decírselo.
El de la iglesia no lo sabe.
¿Habrá niños, más adelante?
¿No?
¿Me lo repites?
Mira por encima de los árboles, hacia el espacio.
¿Llegarán niños?
Si llegan niños, sí que me iré a ahogar.
No quiero ver a los hijos de ese hombre.
¡No, no habrá más niños!
Es algo que le da fuerza.
Pero todavía no ha quedado contento.
¿No le es posible oírlo?
Y un poco después, desde el espacio llega a su vida:
—No, Jeus, ¡no habrá más niños!
‘Te doy las gracias’, manda de vuelta, y ahora sigue, dando brincos.
Se le quitó un gran peso de encima.
La vida vuelve a ser igual de bella.
Aunque no tenga todo, esto sin duda era lo peor.
Pero ¿es un buen hombre Hendrik Wageman?
Jeus no lo cree, ¡es un amargado!
Falta poco para que cumpla catorce años y sea independiente.
Ya no le gusta nada el trabajo en la fábrica, y la única distracción que puede vivir para sí mismo es hacer deporte lo más que pueda.
De todos modos, en casa ya lo van a echar.
Una noche, después del fútbol, vuelve a correr al bosque, siempre lo atrae, y ¿a quién no?
Todos los chicos corren al bosque.
Es un buen lugar para jugar, y eso es para los mocosos.
¿Qué está crujiendo allí?
¿Quién es?
Ya veo, es Betje de las Colinas.
¿Esa chica está allí, sin más, acostada en el bosque?
¿Qué quiere?
Pero Betje es una arpía.
Betje trata a tipos adultos.
Esta Betje es diferente que aquella con la que antes iba a nadar y por la que se le concedió aprender que los niños eran diferentes que las niñas.
Las niñas son madres, los chicos son padres, pero ¡Betje tenía un pequeño cielo!
¡Y ese pequeño cielo es lo que importa!
Y por él la gente comete asesinatos, pero por medio de él, Nuestro Señor creó a los seres humanos.
Y ahora, los seres humanos pueden hacerlo ellos mismos.
Pero eso no tiene valor, otro lo recibe sin más, a cambio de nada.
¿Qué quiere esta Betje de su vida?
—Hola, Jeus.
—¿Qué quieres de mí?
—Sí estás caminando, ¿verdad?
—Sí, pero ¿qué tienes que ver tú con eso?
¿Te importa algo?
Allí está acostada Betje, con su faldita levantada.
¿No lo pensaba?
Esas tipas son todas iguales.
Puedes tenerlas a cambio de nada.
Betje le lanza una risa seductora.
Y ya sabe hacerlo como si tuviera veinte años.
Sí que lo aprendió Betje, y no tiene mayor ciencia, tú también puedes hacerlo.
Betje acaba de cumplir quince y Jeus ve que ya ha asesinado a algunos niños.
Mira a través de la vida de Betje.
¡Es una asquerosa arpía!
¿Es que aquello sagrado ya no tiene valor, ninguno?
Esta Betje es sucia.
Betje lo sonda y le pregunta a la cara:
—¿No quisieras venir conmigo un momento, Jeus?
Ven, Jeus, ¡y jugamos a papá y mamá!
Jeus reacciona con rapidez y dureza, cuando se oye:

—¿Me haces el favor de callarte la estúpida boca?
Y ahora es Betje la que reacciona.
No le tiene miedo:
—¡Maldito miedica!
Le escupe de vuelta, en medio de su cara, y espeta:

—¡Apestas por dentro, arpía asquerosa! —Y sale corriendo, alejándose de su vida.
Qué asquerosa es.
¿Será entonces que él es un tonto?
¿Es un miedica?
No, mamá, pero esa niña es sucia por dentro y Jeus ni siquiera sabe lo que tiene que hacer con ella.
Aunque sabe que nació en mamá y que papá tuvo que dar todo para eso, aunque sabe con exactitud de dónde vienen esas cosas, en él no hay sentimiento para ello, todavía está dormido.
Pero qué bellos los ojos de esta Betje.
No debió insultarla llamándola arpía asquerosa, tal vez no es culpa de Betje, y a pesar de todo tenía unas bonitas piernas.
Pero su ropa apestaba que daba asco.
Claro que no se lava.
Y aun así, es una harpía.
Pero tiene una carita bella, Betje.
Esta noche sueña con otra cosa.
Ahora Betje anda rondando su vida y es mejor que todos esos otros pensamientos.
Esto puede hacerte vivir, Jeus, lo otro te destruye por completo.
Así que ¡sigue pensando!
Y sí señor, ya está en eso.
Qué bella es una niña, sin duda.
Algo muy distinto de lo que es él mismo.
Una niña es más bella que un hombre.
Si tiene que volver a nacer, le pedirá a Nuestro Señor que se le conceda ser niña, entonces hará las cosas de otra manera que como ahora las está haciendo mamá.
Entonces echaría a ese hombre de casa y no le daría todo a cambio de nada, faltaría más.
Entonces ya les enseñará a esas tipas cómo hay que hacer las cosas.
Y no querrá un hombre que ande con cuentos.
¿Pensabas que iba a ir tras un hombre así?
¿Que a semejante hombre iba a darle todo a cambio de nada?
¡Ya quisiera ese tipo!
Pero ¿es un miedica?
Betje destruyó sus terneritos, Jeus lo vio en su interior.
Era más claro que el agua.
Vio a todos los hijos.
Eran dos niños y una niña.
¡Ay, pobre Betje!
No es extraña su fama de que le encantan los chicos.
A Betje le habría encantado tenerlo, obviamente, pero ¿eso pensabas, Betje?
¿Pensabas que voy a comprar gato por liebre?
¿Esa chica estaba espiándolo?
Seguro que sí, de lo contrario no habría estado allí.
¿Qué estará haciendo Betje ahora?
¿También pensando? ¿También durmiendo?
Poseer a una niña es como un paraíso.
Pero Betje no lo es.
Betje todavía no es una Crisje.
Cuando Jeus busque una mujer, debe ser como Crisje.
Mamá es cariñosa y tierna.
Y no soporta que le gruñan, esa Betje gruñe.
Gruñir así destruye a un hombre.
Mamá nunca lo hace.
Ahora de pronto sabe que seguirá amando a Crisje.
No hay que matar a la gente cuando hace algo malo, eso no está permitido.
Ama tanto a mamá que puede perdonarle todo.
Y es eso lo que quiere Nuestro Señor.
Qué pena que Betje sea tan sucia.
¿Le viste el morrito?
Era hermoso.
¿Le viste esos piecitos?
¿También viste ese cabello negro?
¿Viste esos ojitos hermosos pero pícaros?
¿Le viste esos labios con los que la gente se besa?
¿Qué es besar?
¿Por qué lo hacen?
Lo hacen porque tienen algo que decir por dentro, pero ahora lo hacen en los labios.
¿Me das un beso?
No, no quiere un beso de Betje.
Pero mamá es cariñosa, mamá es tierna.
Qué pena que ella no vea lo que va a ocurrir.
Pero porque Betje puede parir, bien le gustaría tenerla.
Hent del Rojo dijo que no podía tener hijos y que se le hacía imposible creerlo.
Betje puede tener hijos.
Y porque ella puede tener hijos tampoco tienes esas preocupaciones más adelante, eso también es doloroso, dijo Hent.
Las llevas contigo día y noche, pero no vienen.
¿Por qué la gente algunas veces tiene tantos hijos, y otras madres no tienen ninguno, ni uno solo?
¿Qué es eso?
Mamá tuvo a seis chicos y a Miets.
La tía Trui, ni uno.
Pero Betje está en condiciones de parir.
Si más adelante tiene una chica, entonces ella será para él un cielo en la tierra.
Ya lo sabe ahora.
Y entonces él será el padre y ella, la madre.
Pero entonces no habrá otros hombres que pasen por su casa.
Entonces le construirá un cielo, exactamente como papá lo hizo para mamá.
Este hombre no sabe hacerlo.
Y entonces el suelo que pise ella será demasiado duro, y Jeus siempre será cariñoso con ella.
¡Y ella con él!
¿Es un miedica?
Siente que no lo es, pero que no quiere tener nada que ver con Betje.
Betje va tan rápido.
Ofrece todo, sin más.
Exactamente como lo hace la tía Trui con el tío Otto.
Pero mamá, ¿qué es lo que haces?
Betje está negra por dentro, tiene pensamientos asquerosos, y Nuestro Señor no quiere eso.
Los chicos sueñan.
Jeus está despierto, y piensa.
Pero ¿quién viene subiendo allí las escaleras?
Es Crisje.
Mamá viene a preguntarle si quiere volver a hablar, pero Jeus no puede.
—Jeus, háblame.

Ni una palabra.
—Jeus, ya no lo soporto.

Sin respuesta.
—Jeus, no estás dormido.
Sé que estás despierto.

Ni una palabra.
—Jeus, ¿quieres verme entonces en la tumba?
Eso es demasiado.
Ahora Jeus exprime todo su interior, y dice:
—Es tu propia culpa, mamá.
—Jeus, háblame, si no me muero.
Jeus no puede hablar.
Crisje baja las escaleras, y en unos días tiene que casarse.
Llora, pobre Crisje.
Hace mucho que no llora así.
Por la mañana, tampoco una palabra.
Crisje no puede soportarlo más, pero Jeus no puede evitarlo, por dentro hay algo que se niega.
Cuando pasa a ver un momento a Jan Lemmekus y este le pregunta por sus vivencias, Jeus le dice a Jan que ya no quiere tener que ver con esos asuntos.
Su vida tiene ahora un nudo, no en la garganta, sino que está un poco más profundo, y eso es mucho peor.
Unos días después, Crisje vuelve a subir las escaleras a gatas.
Lo que antes significaba una gracia, ahora es una maldición para la vida de Jeus.
Cuando le tomabas la mano a mamá, era una bendición.
Ahora te pone a temblar.
Ahora no quiere sentir nada de eso, ahora lo lastima.
Nuevamente, Crisje puede volver con el corazón vacío.
Jeus no puede hablar.
Y otros cinco días más tarde, Crisje yace frente a la cama de Jeus, suplicándole por su palabra.
—Jeus, no puedo más.
Faltan unos días y entonces me tengo que casar.
Me estás destruyendo, Jeus.
¿Es que quieres que me muera?
¿Quieres hablarme, Jeus?
—No, no, no puedo hablar.
Crisje lo mira a los ojos.
Jeus siente que en la oscuridad no duele tanto.
Pero los ojos de Crisje van a parar a su corazón.
Algo va a pasar por dentro.
Vuelve a haber calor en su vida.
Mamá lo besa en pensamientos, y el nudo en su garganta no puede con eso.
De pronto puede respirar con más libertad.
Crisje pone sus pequeñas orquídeas a sus pies, debajo de su corazón, en sus ojos, y son para su vida.
Esta noche, Jeus recibe todo su amor.
De verdad que qué hermosa es mamá.
Es celestial.
Mamá es un ángel.
Ahora Crisje también recibe de vuelta sus bellos pensamientos.
Y de repente se abrazan efusivamente.
No pueden estar el uno sin el otro.
También está Nuestro Señor y el Largo, Casje y José, ¡incluso Fanny!
En pensamientos vuelan alejándose de la tierra, de vuelta al atrio de Nuestro Señor.
Viven el silencio de ese mundo sagrado y entonces vuelve a pasar algo, ¡Jeus llora!
Llora mucho, también Crisje llora, por lo que los corazones se relajan.
Ve a Crisje vestida con una bella túnica.
Y ahora la oye decir:
—Qué fuerte te has hecho, Jeus.
Casi me matas de lo fuerte que aprietas.
—Sí, mamá, a ti sí puedo apretarte hasta matarte.
Justo como sabía hacerlo papá.
Vuelven a sentir su imponente amor, madre e hijo vuelven a ser completamente uno.
Crisje siente miedo, y dice:
—No debes amarme tanto, Jeus.
Primero está Nuestro Señor, ¿acaso no lo sabes?
—Sí, mamá.
—¿Ahora estamos bien otra vez, Jeus?
—Sí, mamá, pero no voy a llamarlo papá.
Crisje no quiere hablar de eso ahora.
Eso sí que es otra cosa.
Le da un beso de buenas noches.
Crisje podrá volver a dormir, baja las escaleras como pisando rosas, como una soberana.
Muy bien, Largo, esta representación fue de imponente belleza.
Has de estar tocando otro violín.
Sabes cómo vivir tu tarea allí.
¡Haces un buen trabajo!
Conduciéndolo dentro de Betje lograste realizar esta obra de arte.
Gracias a que durante un momento llegó a sentir el amor humano, ese asqueroso nudo se le quitó de la garganta, de lo contrario su vida habría quedado asfixiada para todo esto, y te habría hecho falta un psiquiatra.
Es magnífico.
Bien lejos que te quedaste, pero también estabas cerca de tu gran amor.
¡Ahora todo se va a arreglar, Largo!
Sabes ahora cómo un ser humano de la tierra puede vivir revelaciones.
¡Fue espléndido, Largo!
Más adelante se te dará otro trabajo, y también entonces aquí se te necesitará.
Mejor ve preparándote.
Jeus ya ha procesado las visiones, y fueron en el blanco.
Allí están las verdaderas.
Mejor dale las gracias a Casje.
Ahora Crisje se prepara.
Va al encuentro de su futuro.
¿Cómo será?
Jeus habla de nuevo.
Se han vuelto a encontrar; él la apoyará en todo, porque así es.
Ahora también, Crisje vivirá que no la dejará sola.
Pero entre los dos habrá otra vida.
¡Jeus entendió que tiene que ayudar a su madre!
Y la ayudará a cargar.
¡Todo juntos!
¡Así debe ser, y así es, además!
Pero Hendrik Wageman ya domará a esta vida.
Allí están los sentimientos de enemistad, Jeus mismo echó los fundamentos para eso, pero fue solamente por su madre.
¿Y esos pronto tendrán que vivir juntos?
Cuando Crisje todavía le pide que no la deje sola ese día, se le contesta:
—Primero tengo que pensarlo, mamá. —Y Crisje lo sabe.
El ser humano genera desorden; la guerra que estalló lo hace todavía mejor, pero los seres humanos son seres humanos, y se destruyen a ellos mismos.
Ahora has de aprender precisamente a no hacerlo, y Jeus lo ha aprendido ahora.
Pero mañana se casará mamá.
¿Y él?
Lo sabe, irá a trabajar.
No quiere desfallecer en la iglesia.
No, no todo, Crisje, podrías también pedir demasiado, y entonces llegarás hasta el corazón.
Pero has de estar contenta, Crisje.
Aunque el futuro dirá si nuevamente Jeus vuelve a tener razón.
Las visiones salían de una fuente que es amor y que quiere decir, una persona prevenida vale ahora por cuatro.
Si pones tu cerebro a trabajar.
¡Y eso también te lo va a probar Jeus!
No quiere colgar de una viga, y Betje es sucia por dentro, pero ella también es una hija de Nuestro Señor.
Ay, pobre Betje, ¿por qué no pudiste esperar un poco?
¡Eso también, sin duda, es futuro!